De la polarización a la esperanza (3 de 4)

¿Basta con que la derecha electoral pise terreno frágil y contradictorio, para considerar que la izquierda electoral es la alternativa?
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1. La izquierda electoral o partidaria. A simple vista la izquierda parece menos fragmentada. El FMLN posee la “representatividad” de ese posicionamiento y muestra mayor cohesión interna, aunque esta responde más a criterios de disciplina partidaria que a una verdadera cohesión de pensamiento, y se sustenta en gran medida en una ambivalencia: un discurso “ortodoxo” desde la cúpula y en la práctica un distanciamiento de los principios y objetivos originarios del FMLN histórico.

Distanciarse del presidente Funes –representante de otro sector de la izquierda más cercano a la socialdemocracia que al Socialismo del Siglo XXI–; abandono de banderas sociales; empecinada oposición a las resoluciones de la Sala de lo Constitucional; aburguesamiento de algunos de sus máximos dirigentes; imposición de candidaturas; alianza parlamentaria con partidos muy desprestigiados y uno emergente que no suelta lastres; son factores que debilitan a la izquierda electoral, más exactamente al FMLN.

Porque, en la izquierda electoral está el CD, de poco peso “aritmético” pero generador de un pensamiento de izquierda moderado.

2. Una izquierda plural.

Hay un amplio espectro de instituciones y organizaciones que profesan un pensamiento de izquierda, al margen de la izquierda electoral o partidaria. Más abundante es la izquierda no representada en los partidos electorales. El movimiento social, para el caso, conglomera un espectro de aspiraciones en el que el desarrollo económico y social, la equidad económica y jurídica, el bienestar de la ciudadanía, son mayor prioridad que la participación en procesos electorales. Ligado a ese movimiento están las organizaciones de excombatientes, pero también el Movimiento por la Democracia Participativa, liderada por Dagoberto Gutiérrez, firmante de los Acuerdos de Paz por el FMLN; quien construye un partido que se sumaría a lo que hemos venido llamando izquierda partidaria o electoral. Esto es interesante, pues Gutiérrez es uno de los pocos líderes salvadoreños que podría mover parte del voto duro del FMLN hacia sus simpatías.

En esta izquierda, tiene presencia la moderación de los Amigos de Funes, tanto como la radicalidad del mensaje generado por radio Mi Gente, del pastor William Chamagua, que cuenta con un alto grado de aceptación en la ciudadanía; la social democracia del CD o el partido, no legalizado, del funcionario Jorge Meléndez.

Significativas también son en esta izquierda no electoral las universidades y las iglesias evangélicas. Las primeras, entre las que están la Universidad Luterana, la UTEC, la UES y la UCA, son fuente de pensamiento, que se identifican con la izquierda, y no se quedan en ser solo “tanques” de pensamiento.

Las iglesias evangélicas, de conocida atomización, han venido asumiendo posiciones identificadas con la izquierda política. La Iglesia Elim y el TAI, lideradas por los pastores Mario Vega y Carlos Rivas, son referentes de lo que sostenemos.

En El Salvador, entonces, existe una izquierda de muchas izquierdas que, hoy por hoy, no es representada por la izquierda electoral, pero que tiene mucho que decir, aportar y hacer por el futuro de El Salvador.

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