Lo más visto

De la tragedia de los bienes comunes, el agua y los superhumanos

Enlace copiado
José Andrés Oliva Cepeda / Licenciado en Economía con Master en Finanzas

José Andrés Oliva Cepeda / Licenciado en Economía con Master en Finanzas

Enlace copiado

El ecologista estadounidense Garrett Hardin publicó en 1968 un famoso artículo titulado "la tragedia de los comunes", para explicar lo que acontece cuando, sin saberlo, todos los individuos usan infinitamente un recurso público limitado. A pesar de que sus críticos, con razón, apelan a que no se ha observado una catástrofe al estilo de la descrita por Thomas Malthus, la paradoja continúa siendo útil.

La idea es como sigue: "imagínese usted un pastizal en el que pueden pastar, cualquier cantidad de ganado", ahora piense que no hay limitantes para acceder al pastizal y es gratis. Ante estas circunstancias, lo que cada pastor intentará será "mantener en los recursos comunes tantas cabezas de ganado como le sea posible" (1) . Acorde con Hardin, solamente la racionalidad de usar el recurso, conlleva a su agotamiento, lo cual implica que la solución no puede venir solamente de esa racionalidad.

El agua es un bien que reviste la idea de Hardin, porque es un recurso vital para la vida, cada metro cúbico de agua es igual a otro, y la mayoría la usamos sin preocupación alguna mientras que hay personas que solo la reciben unas horas. En parte, estas particularidades catalogan al agua como bien público, pero es más que eso, es un bien social. El agua no es infinita, como el aire o un faro, y tampoco, hay predominancia de lo público, ANDA abastece al 41.7 % de la población.

Es inquietante lo difícil que es concluir cuál es la solución a problemas complejos de gobernanza de un bien común, y más dónde centralizar, cuánto y cómo usar, no es opción para una sociedad formada por personas que viven en libertad, donde esta también repercute en la producción del bien. Debido a ello, en esta jurisdicción no hay atajos, más bien lo que debe prevalecer es la acción dirigida por el conjunto, lo cual requiere de liderazgo colectivo, no de nueva cuenta individual o guiada por un "iluminado" que solo existe en las historietas o en lo que nos muestra Stan Lee en la serie "Los superhumanos".

Al respecto, lo más interesante y propositivo que he visto proviene de Elinor Ostrom, quien es ni más ni menos la primera mujer en ganar el premio Nobel de Economía, quien produjo su trabajo fundamental en este campo. Ella, profundizando en el medio ambiente, vio más allá de la dicotomía privado o público nada más. Examinó casos de éxito y fracaso, y enumeró ocho principios fundamentales, donde aparecen lineamientos como los siguientes: introducir límites claros, introducción de reglas con arreglos de elección colectiva, un espacio para la supervisión con sanciones graduales, mecanismos de resolución de conflictos, y organización en varios niveles para autorregulación y autogestión.

Ostrom en este tema apunta al campo de la generación de confianza para superar problemas compartidos, en espacios de diálogo, con todos los usuarios; pide instituciones que faciliten la reciprocidad, la confianza y honradez, de parte de cada uno. Pero, por el contrario, al contrastarlo con la situación del país, parece todo lo contrario, no hay ley general de agua consensuada, no hay diálogo, no hay confianza, no hay planes ni lineamientos, no hay autorregulación y mucho menos gestión colectiva. De seguir así, más bien se impulsa una visión de sálvese quien pueda, sin bote salvavidas.

____________________________

(1) Fragmentos tomados de Cloquell, Miguel Esteban. Nuevo análisis de "La tragedia de los comunes". Teoría y Praxis [en línea] 2012, (Enero-Junio): [Fecha de consulta: 1 de agosto de 2018] Disponible en: ISSN

Lee también

Comentarios