De las pensiones y otras hierbas…

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Esto de qué hacer con los ahorros de los trabajadores, adquiridos de sol a sol y con el sudor de su frente— ahorros destinados para cuando su cuarta edad llegue y no tener que andar mendigando de sus familiares y amistades, mucho menos del burócrata de turno— borda, a estas alturas, en lo tragicómico: cómico por los protagonistas de la comedia, todos hoy defensores de los trabajadores, quienes si no fuera por los miles de millones en juego les importaría un comino.

El burócrata siempre ha puesto sus intereses muy por encima de los de la clase trabajadora, léase: empresarios, obreros, campesinos, todo aquél que vive el día a día en la incertidumbre de una frágil economía, todo aquél que reza por regresar a su casa sano y salvo, y que no tiene acceso al erario para servirse a lo grande, para sustentar esa epicúrea vida donde reina el pecado capital: la gula, la pereza, la lujuria, la codicia, la soberbia, la envidia, la ira; capitales por ser el origen del resto de pecados.

¿Qué es un pecado? Nuestra fe cristiana lo define como “una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana” saque sus propias conclusiones.

Pero es así como vemos a los paladines desfilando en pro y en contra de una reforma u otra: funcionarios del ejecutivo, padrastros de la patria y madrastras (para ser políticamente correcto), las AFP, las gremiales empresariales, ONG’s, entre otros; todos defensores de la causa.

Hay reuniones, consultas, debates de toda clase de actores menos de los más interesados, y los únicos que constitucionalmente tienen derecho a decidir, los dueños del dinero: ¡los afiliados!

La solución es clara: un referéndum de los afiliados, cuyo costo sea pagado de las ganancias de las AFP, así de sencillo. Preguntas para el referéndum, después de una campaña de información técnica sin sesgo de grupos de interés: edad para retirarse, monto a ahorrar, que institución quiere que administre sus ahorros, a qué tasa de interés (mínima) prestaría su dinero, quiere prestarle al gobierno, quiere que el administrador pueda invertir en el extranjero y que porción (porcentaje).

Tanto que se cacaraquea sobre la democracia participativa... Pues bien, esta es la oportunidad, hacerlo de otra manera nos llevara a lo inevitable: una demanda de inconstitucionalidad porque absolutamente nadie tiene derecho a decidir los destinos del dinero de los ahorrantes sino ellos, es más, ni siquiera la decisión del colectivo puede obligar a un ahorrante, el individuo, a decisiones contrarias a las suyas propias.

Se nos habla de ser solidarios; la solidaridad es voluntaria, de otra manera es una imposición ergo un impuesto. Todo el dinero que los trabajadores han dejado de percibir por la obligatoriedad de prestarle al gobierno es precisamente eso: un impuesto.

Es hora de cuestionar la legalidad del fideicomiso y de la restricción de inversión impuesta por ley a las administradoras, la cual es contraria a los intereses de los afiliados, reduce arbitrariamente las oportunidades de incrementar las ganancias. Asumamos que una porción se hubiera invertido en acciones de tecnología tales como Apple, Google, Yahoo, el valor de las acciones de estas tres empresas se ha incrementado un promedio del 98% durante los últimos cinco años versus el 1% al 2009 que pagó el GOES, haga la matemática.

Respetemos los deseos de los afiliados. Dios, Unión, Libertad.

Tags:

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