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De líderes y ambiciones...

Líderes, especie en peligro de extinción. Parece que el mundo, en estos tiempos de tanto ruido y alboroto, ha dejado de producir líderes, donde y cuando cuentan y se necesitan.
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Ser líder hoy día es llenar estadios, plazas y bulevares, subirse al entablado, decir unas cuantas incoherencias y escuchar los vítores de las masas, allí por el paseíto y su “combito” de pollo; o aquellos genios regalones que se aprovechan de la debilidad de las instituciones democráticas y de la pobreza de sus pueblos para enquistarse en el poder; aquellos que buscan silenciar los medios para beneficio propio en detrimento del bienestar del colectivo; ni hablar de los que masacran a propios y extraños alimentando así su extrema adicción al poder.

Podríamos llenar página tras página de descripciones de estos modelos de líderes cuyo común denominador es la sed de poder y el permanecer en este, aun a costa del fracaso de sus pueblos.

Pero ¿qué es un líder? Mucho se usan las palabras capacidad, guiar, inspirar, comunicar, influir, para definir un líder; sin embargo, preferimos definirlo basados en la crucial operatividad que lo caracteriza, su esencia.

Martin Luther King Jr. decía: “Un genuino líder es aquel que no busca consenso; un genuino líder es aquel que construye consenso”. ¡Qué profundo pensamiento!

El que busca consenso, busca a aquellos que concuerdan con su pensamiento, el militante, el dogmático. El interesado, busca a los allegados, la palabra negociación no está en su vocabulario, confronta el desacuerdo; en cambio el que construye consenso, construye los espacios necesarios para concertar, y propone, sus propósitos son para beneficio del colectivo. La negociación es concepto central de su proceder, sabe que la paciencia es una virtud.

¿Cuántos? Estimado lector, ¿cuántos de estos se le vienen a la mente? El año 2012 nos dejó con legiones de buscadores pero muy pocos constructores (si alguno). Es más: me atrevería a decir que en nuestro ámbito prevalecieron los destructores de consenso, los que con propósito y alevosía menoscabaron nuestras instituciones para beneficio propio y no el del pueblo, los adeptos a las “chanchadas” que tanto daño nos han hecho a través de los años. (Chanchada: acciones que burlan y eluden la Constitución, leyes, métodos y procedimientos establecidos para beneficio propio por sobre el del colectivo.)

Oscar Wilde dijo: “La ambición es el último refugio del fracaso”. Pero ¿cuándo es que la ambición deja de ser ese legítimo anhelo de superación y se convierte en ese desordenado deseo de alcanzar el poder? ¿Cuándo es que se vuelve codicia? Cuando los intereses propios están por encima de todos y todo. Es precisamente ese desordenado deseo de poder, esa codicia de sus líderes, lo que lleva a los pueblos al fracaso; esa ambición de sus mal llamados líderes es el triunfo personal y temporal de estos, refugio de su fracaso, preámbulo de estados fallidos.

La ambición de nuestros líderes, los acaudalados, los enquistados, los promotores de este espejismo de democracia que vivimos, de este “libre” mercado, son el obstáculo a la prosperidad de nuestro querido El Salvador. Es legítimo y razonable preguntarse en qué abonaron a nuestro bienestar los grandes debates, las confrontaciones, los calificativos; las bonificaciones, los grandes salarios, los viajes y las recepciones; los asesores fantasmas, las componendas... ¿En qué abonaron? ¿Valió la pena el gasto? ¿El sudor del contribuyente?

No desperdiciemos esa gran oportunidad que se nos avecina: escojamos bien, seamos minuciosos, escuchemos, demandemos. ¡Bendiciones!

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  • Líderes
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  • Martin Luther King Jr.

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