De los Acuerdos de Paz a Los Acuerdos de Desarrollo (IV)

Necesitamos tener más conciencia y responsabilidad por tanto tiempo perdido y por su recuperación, priorizando la construcción de viabilidad y futuro del país, principal desafío histórico de la nación salvadoreña.
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Cuando se evalúan los 23 años de posguerra y la situación de violencia e inseguridad que padecemos; los bajísimos niveles de inversión y crecimiento; los altos niveles de deuda pública, social y medioambiental acumulados; las enormes brechas y rezagos en la transformación de la matriz energética, de la infraestructura, la movilidad y la logística; del cluster de servicios aeronáuticos; de la reindustrialización nacional, del deterioro de la caficultura nacional y de la falta de desarrollo agropecuario y de la pesca; con un Estado y una economía postrada y de escaza competitividad; frente a la globalización y los avances científicos-tecnológicos tan acelerados del último cuarto de siglo; la conclusión inexorable es que hemos perdido mucho tiempo y estamos cada vez más rezagados. La congratulación anual en la celebración de los Acuerdos de Paz debería complementarse –un cuarto de siglo después– con más conciencia y responsabilidad por tanto tiempo perdido y por su recuperación, priorizando la construcción de viabilidad y futuro del país, principal desafío histórico de la nación salvadoreña.

El nuevo gobierno heredó de los gobiernos anteriores la acumulación de una situación estructural de estancamiento económico prolongado y de precaria situación fiscal, por un lado, y de crisis de seguridad por el otro, que conjuntamente se alimentan e impiden ahora visualizar un horizonte de progreso económico y social, de futuro y prosperidad para las presentes y futuras generaciones. La percepción bastante generalizada es que El Salvador está tocando fondo y que enfrenta un momento crucial en la primera mitad de su tercera década de paz y democracia, donde se aproxima –retrocediendo– a los indicadores de los años de la guerra, tanto por el abultado número de muertos diarios por la violencia y criminalidad cada vez más organizada e impune, como por el precario crecimiento de la economía y las dimensiones de su desbalance fiscal y deuda pública, que ya igualan o superan los parámetros del final de la guerra.

Todo indicaría que para el actual Gobierno el diálogo y la concertación que conduzca a Acuerdos de Seguridad y Desarrollo es de carácter estratégico, no táctico. En materia de seguridad, esperamos que la ejecución de la estrategia integral formulada por el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia comience a dar sus primeros frutos, mientras el Gobierno avanza en instalar 3 nuevas mesas de diálogo, en educación medioambiente, y en productividad, crecimiento y empleo, que –esperamos– conduzca a los Acuerdos de Desarrollo. La ejecución de ambos acuerdos –de seguridad y desarrollo– deberían progresivamente desentrampar la situación nacional y sentar mejores fundamentos de un nuevo período hacia el desarrollo nacional de mediano y largo plazo. Este sería el gran legado del actual gobierno.

Mientras el diálogo y la búsqueda de consensos y visiones compartidas en seguridad y desarrollo avanzan, la crisis de la deuda y del crecimiento económico debe afrontarse urgentemente. El Plan Quinquenal que recoge el diagnóstico y la visión del nuevo Gobierno constituye un buen punto de partida. Al mismo tiempo que inicia su ejecución, debe concretarse la solución estratégica de la deuda pública (incluyendo la deuda previsional) y del crecimiento y la creación de empleo. El subempleo es del 45 % de la población económicamente activa, el desempleo del 7 %, solo el 25 % tiene remuneraciones igual al salario mínimo o un poco más, pero por debajo de lo necesario para tener una vida digna, solo 23 % tiene trabajo decente y la remuneración y prestaciones sociales adecuadas, mientras más de 100 mil jóvenes se incorporan al mercado laboral anualmente.

Con la reestructuración de buena parte de la deuda pública en mayores plazos y menores tipos de interés, y la constitución de un fondo de inversión público-privado para financiar los proyectos estratégicos de energía, infraestructura, movilidad y logística, y de apoyo a la agricultura y la pesca sostenible, al desarrollo de la industria del turismo, y de la plataforma industrial-tecnológica exportadora, superaríamos la doble trampa que nos entrampa: la crisis combinada de la deuda y del crecimiento. Por demasiado tiempo se ha prolongado la aprobación de presupuestos nacionales incompletos y desbalanceados y la emisión de deuda de corto plazo para financiar la diferencia, tanto en pagos de deudas viejas vencidas y otros gastos del Estado, como en el pago atrasado a proveedores.

Ahora no se trataría de reestructurar la deuda para liberar recursos y administrar mejor la caja fiscal, prolongando la agonía económica, para caer un tiempo después en un default y ajuste mayores a los que nos acercamos muy pronto. La combinación de la reestructuración integral de la deuda pública con la constitución de un fondo de inversión para el crecimiento estabilizaría la situación macroeconómica y le daría sostenibilidad a la deuda pública, creando las condiciones para iniciar un prolongado ciclo de inversiones y crecimiento. Este posibilitaría el surgimiento de nuevas empresas con capacidad de competir y crecer sostenidamente en los mercados internacionales, dinamizando a otros sectores de la economía nacional.

Tags:

  • plan quinquenal
  • deuda publica
  • crecimiento
  • globalizacion

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