De los Acuerdos de Paz a los Acuerdos de Desarrollo (II)

Un plan integral y combinado de crecimiento y reestructuración de la deuda pública –incluyendo la de las pensiones– es imperativo para superar el entrampamiento de la crisis del crecimiento y de la deuda pública.
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El agotamiento de la economía. El año 2014 concluyó con un PIB per cápita real solo 17.8 % mayor al de 2002, equivalente al de 1978, máximo nivel histórico de la preguerra. En la última década y media su crecimiento promedió 1.2 % anual. El bajo crecimiento se origina en la baja inversión privada y pública, con promedios de 13 % y 2.9 % del PIB, respectivamente. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, afirmó: el crecimiento del PIB en El Salvador “ha sido lento por los últimos 15 años debido a las debilidades estructurales”, y el débil entorno internacional desde la crisis global del 2008-2009 ha exacerbado el problema.¹

El flujo creciente de remesas y la política económica de privatizaciones y liberalización desde 1991 hasta la dolarización en 2001 (con tasa de cambio sobrevaluada y fija) determinaron el marco de políticas y precios relativos que conformó la lógica del funcionamiento y reproducción de la economía, que estimuló el consumo y las importaciones, y desincentivó la producción y las exportaciones. Así se desarrolló progresivamente una economía de limitada inversión, producción y exportaciones, que se insertó al revés a la economía internacional, exportando mucha gente y muy pocos bienes y servicios, con flujos crecientes de personas y remesas familiares financiando importaciones y déficits comerciales crecientes.

De 1992 a 2013, los motores principales del crecimiento fueron el consumo y las importaciones que crecieron en promedio 7.6 % y 9.7 %, respectivamente. Se abarataron las importaciones a través de una apertura comercial agresiva, se cambió la estructura de subsidios que antes favorecían a la producción, y se implementaron políticas de desregulación financiera. Así, “los créditos al consumo pasaron de representar el 3 % de la cartera crediticia en 1990 a 29 % en la actualidad. No es casual entonces que El Salvador registre actualmente la séptima tasa más alta de consumo privado como proporción del PIB en el mundo y que también se encuentre entre los 10 países con mayor déficit comercial”. ² El consumo supera a la producción en más de 5 %, mientras el déficit comercial es del 20 % del PIB.

El déficit comercial de 13.8 % del PIB en la década de los noventa llegó al 18.8 % en la presente década, con remesas familiares del 11.5 %, y del 16.1 % del PIB, respectivamente, haciendo posible y financiado el déficit comercial. Después de la crisis en Estados Unidos en 2008, no obstante la recuperación del nivel de remesas en 2013, y en 2014 que alcanzaron el nivel récord de $4,217 millones, estas ya son insuficientes para financiar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, con un déficit creciente que pasó de 1.5 % del PIB en 2009 a 6.5 % en 2013, reduciéndose a 5.8 % (est.) en 2014 por la recuperación de las remesas y la caída de los precios del petróleo. Ambos factores mejoraron el nivel de reservas internacionales, situado “ligeramente por debajo de la meta de las autoridades (12 % del PIB)... y del adecuado nivel de reservas de 17 % del PIB” para un país totalmente dolarizado.³

Con tasas de crecimiento decrecientes del PIB y sin reforma fiscal integral, el déficit fiscal pasó de un promedio de 1.8 % en la década de los noventa, a 3.9 % en la presente década, financiados por una deuda pública del 42.2 % en los noventa y de 59.4 % del PIB en la presente década. La deuda pública que alcanzó 59.1 % del PIB al finalizar la guerra, reducida a 33 % en 1998, alcanzó el 60 % del PIB en 2014. La mitad del déficit fiscal (2 %) y casi una quinta parte de la deuda pública respecto al PIB (11 de 60 %) corresponde a la deuda de las pensiones.

Según las proyecciones de crecimiento del FMI –de un promedio de 2.3 % hasta el final de la década– el déficit fiscal llegaría al 5.5 % del PIB, y la deuda pública superaría el 70 % del PIB en 2019. Bajo esta perspectiva, la deuda pública y la inversión social serían cada vez menos sostenibles, y el ajuste fiscal requerido por el lado de los ingresos y de los gastos terminaría siendo mayor al 3.5 % del PIB recomendado por el FMI en los próximos tres años para comenzar a reducir la deuda pública a menos del 50 % del PIB en 2024, haciéndola sostenible.

Un plan integral y combinado de crecimiento y reestructuración de la deuda pública –incluyendo la de las pensiones– es imperativo para superar el entrampamiento de la crisis del crecimiento y de la deuda pública.

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¹La Página, “FMI prevé crecimiento de economía en 2014 y 2015” (San Salvador, 30 de octubre de 2014).

²William Pleitez, “Migraciones y remesas: ¿Un obstáculo o una oportunidad para crecer?”, (EDH, 12 de agosto de 2014).

³FMI, reporte de país n.º 15/13, enero de 2015

Tags:

  • crecimiento
  • deficit fiscal
  • pensiones
  • consumo
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