De los Acuerdos de Paz a los Acuerdos de Desarrollo (III)

Hoy estamos entrampados sin futuro, pero con un viraje profundo y sostenido –a partir de una nueva visión y estrategia compartida de desarrollo– podemos salir adelante.
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La crisis de las finanzas públicas. Las finanzas públicas ya no pueden sostener la amortización de la deuda pública y los limitados recursos asignados a la educación, a la salud y a la seguridad social. Aún menos financiar los grandes déficits, brechas y requerimientos de inversión y gastos en: 1. seguridad y convivencia ciudadana; 2. educación, salud y vivienda; 3. cobertura mínima universal de seguridad social y pensiones; 4. agua, alcantarillados y saneamiento; 5. medioambiente y cambio climático, reducción de riesgos y mitigación de desastres naturales. Una estimación conservadora de dichas inversiones y gastos en los próximos 30 años superaría los $75 mil millones, equivalentes, aproximadamente, a la mitad del presupuesto nacional ($2,500 millones, anualmente). Si bien deben reducirse gastos innecesarios y reestructurarse y hacer sostenible la deuda previsional, el problema fundamental del Estado quebrado, de la insostenibilidad de la deuda y de la falta de oportunidades no es de gasto sino de ingresos, de crecimiento y de generación sostenida de riqueza, es prioritariamente de inversión privada y también pública.

En efecto, las últimas proyecciones de crecimiento son bajas: 2 % de crecimiento del PIB real en el mediano plazo. Esto significa que en los próximos años nos quedaremos igual o más rezagados de lo que ya estamos, el progreso del país y de las mayorías se alejará cada vez más, con problemas y desafíos crecientes de gobernabilidad democrática. Sin creación sostenida de riqueza y desarrollo de las fuerzas productivas, la lucha por los derechos económicos y sociales de los trabajadores confrontaría a un Estado cada vez más autoritario y represivo, frente al auge de la protesta social por los recortes a la inversión y al gasto social, el aumento del desempleo y subempleo y la falta de oportunidades. Prolongando el lento crecimiento, el sobreendeudamiento y el entrampamiento actual, el progreso y sus expectativas se alejarían más, agudizándose la división y confrontación nacional. Hoy estamos entrampados sin futuro, pero con un viraje profundo y sostenido –a partir de una nueva visión y estrategia compartida de desarrollo– podemos salir adelante.

No solo debemos compensar los bajo niveles de inversión y crecimiento de las últimas tres décadas y media (1979-2014) con crecimiento del PIB per cápita real de apenas 17.8 % en 35 años, y afrontar las multibillonarias deudas, brechas y déficits mencionados, sino también las pérdidas multimillonarias de los próximos desastres naturales que, desgraciadamente, seguirán acompañando la historia de nuestro país con uno de los mayores índices de vulnerabilidad y riesgo del mundo. De 1998 a 2012, los fenómenos naturales –huracán, terremotos y tormentas– causaron daños por $3,328 millones.

Hacia una nueva visión y estrategia de desarrollo. Con nuestra ubicación geográfica y los tratados de libre comercio, con nuestra población trabajadora, técnica, profesional y empresarial en El Salvador, Estados Unidos y Canadá, y muchas empresas internacionales de primer nivel, podemos transformar la matriz energética nacional e impulsar el sistema logístico sostenible, el cluster de servicios aeronáuticos, la plataforma industrial-exportadora de alta tecnología, el desarrollo turístico y otras industrias y servicios de alto valor agregado, desarrollando la nueva economía del siglo XXI en sectores de alta productividad, competitividad y crecimiento.

Con visión y estrategia de crecimiento debemos: 1. reestructurar la deuda pública (incluyendo la de las pensiones), mejorando su perfil con mayores plazos y mejores tipos de interés, logrando ahorros de varios cientos de millones de dólares anuales y evitando el ajuste recesivo y polarizante; 2. estructurar un plan y un fondo de inversiones público-privado que impulse los grandes proyectos estratégicos mencionados, en las mejores condiciones y en los menores tiempos posibles. Los fondos privados de pensión financiarían una parte de dicho fondo, cumpliendo con la nueva ley que requiere invertir en el país 50 % de las cotizaciones de los trabajadores.

Bajo la conducción de un Estado emprendedor, fuerte y eficiente, con altas tasas de inversión privada nacional y extranjera del 20-25 % del PIB, creceríamos sostenidamente 5-6 % anualmente en los próximos 30 años, generando empleo e ingresos privados y fiscales, y fortaleciendo las finanzas públicas para pagar progresivamente las considerables deudas pública, social y medioambiental. No deben aumentarse impuestos que afecten la inversión privada, pero deben cerrarse todos los portillos a la evasión y la elusión fiscal, e incorporar a la legalidad y a la tributación al sector informal, impulsando, además, el impuesto predial focalizado en propiedades de alto valor.

Es imperativa la transformación estructural de la economía nacional, haciéndola más productiva y exportadora, con un peso cada vez mayor de empresas y sectores de alta productividad, competitividad y crecimiento, para lo cual la transformación educativa y cultural es fundamental. Se trata del impulso, sin tregua ni pausa, de un nuevo modelo económico de crecimiento hacia afuera, liderado por la inversión privada y las exportaciones de bienes y servicios diversos. Y de un Nuevo Estado, rediseñado para contribuir a desatar sostenidamente la creación de riqueza y el desarrollo social, un Nuevo Estado emprendedor, democrático y social de derecho.

Tags:

  • educacion
  • seguridad
  • desarrollo
  • medioambiente

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