De los Acuerdos de Paz a los Acuerdos de Desarrollo (IX)

Necesitamos construir una nueva acumulación para salir del entrampamiento actual, y llevar al país del tercer al segundo mundo en el próximo cuarto de siglo.
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23 años de recorrido analítico desde los Acuerdos de Paz¹ muestra con bastante claridad que más allá de los avances del país respecto a la situación que prevalecía en la guerra, El Salvador avanzó menos de lo que creyeron aquellos que calificaron prematuramente al país de “historia exitosa”, y mucho menos de lo que hubiéramos avanzado si hubiéramos hecho la tarea con mayor perspectiva del interés nacional y mayor visión de estadistas, de hombres y mujeres de Estado. El prolongado ciclo político y económico de posguerra concluyó y agotada está su acumulación histórica. Necesitamos construir, en adelante, una nueva acumulación, para salir del entrampamiento actual y llevar al país del tercer al segundo mundo en el próximo cuarto de siglo.

El liderazgo de la posguerra, casi el mismo que el de la guerra, no impulsó las reformas e iniciativas necesarias para enfrentar mejor los nuevos tiempos, con nuevas visiones, estrategias y políticas que produjeran nuevas acumulaciones político-democráticas, económico-sociales y medioambientales, en un mundo cada vez más complejo de cambios tan profundos concentrados en tan poco tiempo. En este profundo y prolongado cambio de época, la prolongación de la crisis de seguridad y la postración económico-social, aunada a la deslegitimación actual del sistema electoral, expresan el agotamiento del ciclo económico y político de la posguerra, del “modelo” económico-social y del liderazgo político que condujo la posguerra.

El balance de resultados casi un cuarto de siglo después dependerá de la óptica de quién lo realice y su vinculación directa e indirecta –político-ideológica y cultural– a los grupos de poder y a los dos partidos que han hegemonizado la posguerra. El grupo que gobernó hegemónicamente en los primeros 15 años –con sorprendente ausencia de autocrítica y corresponsabilidad por la situación de debilidad estructural que enfrentamos– identifica el progreso con los primeros tres gobiernos de ARENA, distanciándose del cuarto que asocian con el inicio del populismo y la corrupción y el deterioro económico e institucional, cuya profundización identifican en los primeros seis años de los primeros dos gobiernos de izquierda.

El FMLN –que intentó, sin lograrlo, cogobernar el primer gobierno de izquierda– considera que hasta ahora tienen verdaderamente la oportunidad de comenzar a transformar “el modelo oligárquico y neoliberal” debilitando con sus aliados al grupo hegemónico del gran capital que financia y conduce al partido ARENA, e impulsar su proyecto de profundizar las transformaciones por etapas. La derecha política y los principales grupos económico-financieros del país, por su lado, revitalizados por el escaso margen con el que perdieron la segunda vuelta presidencial de 2014, y empoderados por los resultados electorales de la elección de diputados y concejos municipales un año después, se prepara a usar su fuerza y alianzas legislativas, y sus influencias mediáticas, para paralizar y desgastar la acción del gobierno, y ganar las próximas elecciones legislativas en 2018 y presidenciales en 2019. Este es el escenario de la confrontación, del desgaste y de la parálisis nacional para los próximos 4 años, y así sucesivamente...

Pero el carácter prolongado del deterioro acumulativo económico-financiero y de seguridad, la naturaleza estructural de ambos, y el tiempo y los actores que deberán estar involucrados en su superación, nos lleva a dos conclusiones vinculadas estrechamente: 1. Es inviable la superación de semejante situación solamente con la representatividad y fuerza del Gobierno, y de sus aliados. Este Gobierno y el próximo necesitan de acuerdos de carácter estratégico con la oposición y con el empresariado, y el apoyo de países y organismos claves de la comunidad internacional. 2. La solución es de carácter estratégico y nos remite a un proyecto de nación, a un proyecto de Estado de mediano y largo plazo.

La conclusión de que solo el diálogo que conduzca a acuerdos nacionales en materia de seguridad, y a una visión y estrategia compartida de desarrollo del país, podría permitir superar progresivamente la entrampada situación, es ahora una tesis cada vez más compartida en el gobierno y en los principales sectores políticos, económicos y sociales del país. Comprendamos y valoremos mejor la importancia de la iniciativa del actual presidente de la República, de priorizar los Acuerdos de Seguridad y Convivencia, y los Acuerdos de Desarrollo (Educación, y empleo productivo), como la única manera de sacar a este gobierno y al país adelante.

En sus primeros 23 años de vida democrática y en la primera década y media del nuevo siglo, El Salvador no ha dispuesto de una visión y estrategia compartida de desarrollo. Necesitamos ahora de una nueva visión y de nuevos compromisos sostenidos con la creación del futuro de El Salvador, casi un cuarto de siglo después de los Acuerdos de Paz. Aunque bastante tarde, estamos todavía a tiempo.

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¹Ver, entre otros, los primeros 7 artículos de esta serie “De los Acuerdos de Paz a los Acuerdos de Desarrollo” en La Prensa Gráfica.

Tags:

  • fmln
  • arena
  • acuerdos de paz
  • modelo neoliberal

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