De los Acuerdos de Paz a los Acuerdos de Desarrollo (V)

Necesitamos consejos nacionales de desarrollo, tecnocracias superiores e instituciones de primer nivel internacional, con visión de primer mundo, no de pigmeos de pequeñas republiquetas tercermundistas.
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Frente a la postración de la economía y del crecimiento, a la inminente crisis de la deuda pública, y a las enormes brechas y déficits acumulados en lo social, medioambiental, energético y logístico, es bastante evidente que el esquema o modelo económico de la posguerra está agotado. Hace una década ya lo era para muchos, ahora debería serlo para la inmensa mayoría de las élites políticas, empresariales e intelectuales del país. Pero no lo es. Y si el diagnóstico de la seguridad y de la economía de la posguerra nos divide, tanto o más puede hacerlo la visión y estrategia de un nuevo modelo de desarrollo. Aunque estoy convencido de que es mucho más difícil ponernos de acuerdo sobre el pasado, que sobre el futuro.

Sobre la economía y el desarrollo, existen diversos intereses particulares, diferentes corrientes de pensamiento y variadas experiencias. Consecuentemente, existen diferentes formas de procesar la observación y el análisis de la realidad. Y cuando coinciden la crisis de la seguridad, con la crisis del crecimiento y de la deuda pública, en el avanzado proceso de globalización y en la prolongada y diversa revolución científico-tecnológica de este profundo cambio de época, conciliar intereses, experiencias y visiones diferentes en un Acuerdo de Desarrollo no es tarea fácil, más allá de su impostergabilidad histórica.

Desde el anterior gobierno y tanto o más en este, así como en diversos institutos académicos y organismos internacionales de desarrollo, se profundiza la convicción y el desafío del impulso de un nuevo modelo de desarrollo que transforme las condiciones de vida de nuestra población y contribuya a darle viabilidad y futuro a nuestro país. Porque desde hace mucho tiempo no la tiene. Este es el gran debate de hoy y de mañana en El Salvador.

FUSADES abrió el debate hace tres décadas cuando propuso un nuevo modelo de crecimiento liderado por las exportaciones cuyo objetivo general a largo plazo era alcanzar un crecimiento sostenido de la economía y elevados niveles de empleo, con base en la diversificación y aumento de la producción exportable, mediante el uso intensivo de la mano de obra. Dicho modelo inspiró con influencia decreciente a los cuatro primeros gobiernos de ARENA, cuyos resultados fueron cada vez mas alejados de los objetivos propuestos, profundizándose la brecha entre ambos en la última década. (1)

Para una buena parte de la derecha política, empresarial e intelectual del país, la explicación central del lento crecimiento y del incremento de dichas brechas se encuentra en los gobiernos populistas de Saca, de Funes y del FMLN, mientras que para una buena parte de la izquierda, los problemas son de carácter estructural heredados del modelo neoliberal fundado e impulsado por ARENA y los grupos hegemónicos del gran capital nacional internacionalizado. Pero estoy más convencido que nunca de que el nuevo modelo de crecimiento tiene que ser liderado por la inversión privada para la producción exportable de bienes y servicios, como lo propuso FUSADES tres décadas atrás, pero con políticas coherentes con los objetivos planteados, de un nuevo Estado fuerte y emprendedor. Necesitamos consejos nacionales de desarrollo, tecnocracias superiores e instituciones de primer nivel internacional, con visión de primer mundo, no de pigmeos de pequeñas republiquetas tercermundistas.

Desde hace ya más de una década, se advertía que cuando un país se autoconsume en batallas políticas internas se vuelve irrelevante. Si los disensos se transforman fácilmente en confrontación, quiere decir que uno de los principales obstáculos para el desarrollo continúa siendo la escasa capacidad de los actores nacionales para apoyarse recíprocamente con miras al logro de propósitos comunes. En esos casos, para que el país sea viable es necesario previamente poner en marcha procesos de diálogo político orientados hacia la construcción de una visión de futuro ampliamente compartida que permita un nivel mínimo de unidad nacional. Y se agregaba que el futuro pertenece a las pequeñas poblaciones que hacen de la mente un imperio y que ignoran la tentación –o no tienen la opción– de explotar sus recursos naturales... muchos países que ahora son ricos solo tienen gente, son pequeños, no son ni siquiera autosuficientes en agua, mucho menos en alimentos, minerales y combustible... a algunos hasta les hace falta una historia común y cultura, por lo que solo tenían dos opciones: permanecer pobres o educar a su gente. Singapur, agrega, es uno de esos países que no tuvo otra opción que educar a su gente, reformar su gobierno, atraer conocimientos y ponerse a trabajar duro. (2)

Esto es –precisamente– lo que El Salvador tiene que hacer, ¡ya!
 
*****
 (1).  Ver evaluación de resultados de 15 años de la implementación del modelo realizada por el PNUD en el “Informe de Desarrollo Humano 2005”, cap. 3, El impacto macroeconómico de la migración y las remesas: la necesidad de un nuevo modelo de crecimiento.
 
  (2).  Juan Enríquez Cabot, 2004, presidente de Biotechonomy y asesor de más de una docena de países y de algunas de las compañías más grandes del mundo. Citado en el “Informe de Desarrollo Humano 2005”, cap. 3, ibid.

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