De luchas y aprendizajes

<p>No sé si todos los humanos, pero al menos los salvadoreños, pasamos buena parte de la vida quejándonos. Por el tráfico, por los precios, por los horarios, por la iglesia que hace ruido, por el esposo o el novio, por los compañeros de trabajo, por la gasolina, por el salario y por cualquier cantidad de cosas que se nos ocurran.</p>
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<p>No dudo que en muchos casos haya razón, pero cada tanto, hay personas que nos enseñan que nuestras quejas parecen insignificantes comparadas con lo que les toca vivir. Así se vive en el periodismo y así se vive ahora en la redacción.</p><p> Decir que conozco a profundidad a Santiago Leiva sería mentir. Pero lo que conozco me hace pensar que hay gente que lucha casi desde que nació y no anda quejándose por la vida. Camina tranquilo, saluda con alegría y educación y sobre todo, no se conforma, pero avanza en paz.</p><p> A Santiago siempre lo admiré por su carácter respetuoso, porque siempre mostró con ejemplos cuán trabajador es, porque siempre mostró cuán disciplinado es. No ha andado por la vida contando lo que hace y cómo lo ha conseguido, pero uno no necesita mucho para saber cuánto le ha costado crecer, profesional y personalmente.</p><p>Viene de una familia humilde, una en la que él es la muestra palpable del éxito. Una en la que estudiar no es una cosa sencilla cuando hay miles de necesidades. Pero él no solo cursó noveno grado, estudió bachillerato. Y a pesar de que para la media en este país eso ya es un triunfo, él fue más allá y fue a la universidad y obtuvo un técnico. Con esa carta de presentación buscó trabajo y ha estado en varios medios del país, incluyendo LA PRENSA GRÁFICA Y EL GRÁFICO. Actualmente es periodista deportivo de LA PRENSA GRÁFICA y está luchando contra un fibrosarcoma agresivo.</p><p>Y el camino hasta allí estuvo marcado por su lucha y por sus ganas de salir adelante. Lo mismo ha pasado con su salud. Desde pequeño le encontraron esa “chibolita” en el rostro, que ahora ha puesto su vida en peligro.</p><p>Alguna vez me contó que empezó a ser evaluado en el Hospital Rosales desde que tenía poco más de 12 años. Desde entonces, le han practicado al menos 10 intervenciones, mayores y menores. En 2009 fue sometido a una de las cirugías más grandes y el año pasado a la más difícil pero la que supuestamente le traería la salud de vuelta. Tras la intervención fue sometido a radioterapia, estuvo al menos 10 meses incapacitado y bastante ansioso por no poder trabajar. Pero tenía mucha esperanza. Lo que le quedaba era la reconstrucción del rostro. Y en esta redacción, todos celebramos su regreso lleno de vida, emocionado y agradecido por volver al trabajo.</p><p>La noticia de su recaída llegó como balde de agua fría para varios, y no puedo imaginar cómo le cayó a él. Pero allí sigue, luchando a diario, preocupado porque le guarden su trabajo (que dicho sea de paso nunca ha estado en juego), agradecido, sin resentimientos para nadie, ni siquiera para el médico que le dijo que no sabía cómo seguía vivo con ese fribrosarcorma, ni para el que dijo que nadie lo quería operar.</p><p>Yo particularmente he recibido varias lecciones en este proceso, como grupo sus allegados las han recibido y como gremio sin duda las hemos materializado. Ojalá alcanzara para más, para Santiago y para todos aquellos que tienen luchas más grandes que las nuestras. Por eso, creo que vale la pena detenernos a contar nuestras bendiciones y, si podemos y queremos, ayudemos a quienes, como Santiago, siguen luchando a diario, sin quejarse.</p><p>&nbsp;</p>

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