De patías y antipatías

<p>A casi veinte meses para la elección presidencial, es tiempo de reflexión sobre las condiciones que debe tener el personaje que nos represente para encontrar el camino de las soluciones a los grandes problemas que como sociedad tenemos que superar y el proyecto que nos llevará a la búsqueda de las mismas a través de esta nueva contienda electoral que se avecina.</p>
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De patías y antipatías

De patías y antipatías

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<p> ¿Por qué acude un elector a las urnas? ¿Por responsabilidad ciudadana? ¿Convencimiento? ¿Voluntad verdadera de cambiar las cosas? A pesar de lo evidente que puede parecer, la decisión de cruzar una boleta es, más que nada, una cuestión de patías. De una mezcla entre elementos racionales y sentimientos personales. Simpatía, en el caso de los votantes que están de acuerdo con un candidato. Antipatía, cuando la motivación es que uno de los contendientes no gane. Apatía, ante el hartazgo y la desazón por la pobre oferta electoral. Empatía, cuando existe una identificación clara entre uno de los proyectos planteados y las ideas de quien emite el sufragio. De las cuatro anteriores, la empatía es la única capaz de generar compromisos y proyectarse a futuro, y sería la deseable en una democracia sana.</p><p>Es importante dar un voto de confianza a la democracia. Los partidos políticos que estén involucrados seriamente en la contienda tienen, respectivamente, una visión de nuestro país en cuanto a cuáles son los problemas más urgentes, los proyectos a emprender durante los próximos años, y lo que debe de ser El Salvador del futuro. Tienen, evidentemente, diferencias importantes en cuanto a cómo lograr estos fines.</p><p>La campaña debe de ser inusitadamente rica en propuestas y en lograr un consenso tácito en torno a las grandes transformaciones que El Salvador necesita. Dar un nuevo ímpetu a la economía interna y a instrumentos que la potencialicen; el empleo bien remunerado, el fortalecimiento de las finanzas públicas y el impulso y crecimiento del crédito interno; las reformas que permitan que la inversión privada se afinque en el país; la necesidad de un sistema de seguridad social moderno y eficiente; la urgencia de mejorar y ampliar sustancialmente la educación parvularia y básica; el aumento del presupuesto para ciencia y tecnología; cambio en la política de seguridad: mejora de la Policía Nacional Civil y su tecnificación en la lucha contra el crimen organizado; énfasis en la disminución de los delitos y la violencia; estos son tan solo algunos temas donde el país necesita una urgente y consecuente intervención.</p><p>El Salvador que se enfrentará a las urnas en 2014 es un país con una democracia joven e imperfecta. Un país que experimentó la alternancia y vio convertida la esperanza de algunos en desilusión. Un país que, sin embargo, tiene una juventud que busca desesperadamente una causa a la cual entregarse, y a la vez una sociedad cada vez más comprometida y pujante en la búsqueda de un candidato a la altura de las circunstancias, que refleje aptitud política, capacidad técnica, conciencia de Estado y vocación democrática y social.</p><p>Los partidos, sin duda, han dejado de representar a un gran sector de la población, que llegará a las urnas guiado por sus propias patías. Es urgente que los partidos políticos se den cuenta de que, si no generan empatías, compromisos que funcionen en las dos vías sin caer en el fanatismo, y si no comienzan a escuchar lo que la sociedad tiene que decirles, la derrota será la consecuencia lógica.</p><p>Para los dirigentes de los partidos, y no solo para los votantes, esta debería ser una época de reflexión. Y vaya que tienen tela de dónde cortar.</p><p>&nbsp;</p>

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