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¿De quién es la culpa, del loco o de quien lo celebra?

Hace unos días escribí sobre Roma y hoy se me ocurre poner un ejemplo de aquellos tiempos, para lograr responder la pregunta que formulo en el título y que, como veremos, resulta importantísima, para evitar caer en una dictadura; tal como ha pasado en otras tierras latinoamericanas. Todo se resume en la frase de Edmund Burke, cuando asegura que "lo único que se necesita para que el mal triunfe es que el bien no haga nada".

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José Miguel Fortín Magaña

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Hace dos mil años gobernaba Roma un demente llamado Calígula; quien había hecho jurar lealtad hacia él, a la guardia pretoriana; contra los "enemigos externos e internos" (lo que era inusual porque hasta entonces los soldados prestaban juramento de fidelidad al senado y a la república). El emperador, que no encontraba ya ningún contrapeso, empezó por exigir que le llamaran "el divino césar"; pidió que el senado nombrara cónsul a su caballo (el equivalente a un jefe de gobierno actual) y finalmente les exigió que le regalaran la luna.

Calígula era un déspota pervertido por el poder y totalmente enfermo; pero si bien como él, ha habido muchos a lo largo de los años; estos normalmente no hacen daño y se mantienen confinados en un manicomio. El peligro comienza cuando a la locura del rey no se le opone un senado o una cámara de diputados; y cuando estos últimos olvidan que fueron también elegidos para representar al Pueblo, que es el Soberano.

Encarnar al Pueblo significa entre otras cosas ser congruente con lo que cada uno se comprometió en campaña; y no ceder a la presión populista o dictatorial de alguien que en ese momento ostente el poder en una nación. Nada debería importar las amenazas de la turba o del tirano. Quien es honesto, lo es en la prosperidad o en la pérdida. No se vale ser diputado probo cuando todos te sonríen, pero un sinvergüenza cuando le da miedo el qué dirán, aceptando levantar la mano a algún decreto, solo porque el gobernante amenazó con llamarlos enemigos cuando no se plegaron a sus deseos.

Hace unos días escuchaba a unos diputados hablar entre sí, advirtiendo que tenían miedo porque oponerse a los dictados del presidente los haría víctimas de la turba que lo sigue; o que las medidas parecían populares y que por tanto era un error objetarlas.

Grave falta de percepción y de lógica, señor representante; porque usted no fue elegido para aplaudir como foca, porque eso es "cool"; sino que fue votado para salvaguardar a la República y hacerla salir, junto con todos, de los gravísimos problemas que afronta.

El problema con los años en que Calígula fue césar no radicó en su locura, sino en la cobardía de aquellos senadores que permitieron que el caballo efectivamente fuera nombrado cónsul y que el Estado lo mantuviera en una villa llena de sirvientes y con una pobre muchacha como "esposa". El problema es que esa cobardía hizo que el emperador loco atacara sin dificultad a los que él llamaba enemigos y que finalmente la vida en Roma resultara terrible.

Al final, cuando todo era ya inaguantable, fue la misma Guardia Pretoriana quien le dio muerte; pero a su paso, el césar había destruido la libertad y la pacífica convivencia. ¿De quién fue la culpa?: De ambos; pero ante todo de aquellos que no supieron ser congruentes con el puesto y no supieron representar al Pueblo. Dios permita que aquella historia no se repita en nuestra Tierra y que continuemos viviendo en libertad.

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  • dictadura
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