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Debemos ganar credibilidad tanto interna como externa para que el país pueda hacerse viable en todos los órdenes

Lo principal sería dar señales muy concretas de que nos encaminamos hacia la solución de nuestros problemas de fondo, como son la inseguridad, la escasez de oportunidades y el crecimiento económico insuficiente.
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Uno de los principales déficits que padece nuestro país tanto en sus ámbitos interiores como en los planos internacionales es el que se refiere a la muy escasa credibilidad que existe sobre lo que en El Salvador se está haciendo para garantizar la seguridad en todos los sentidos, fortalecer la estabilidad tanto institucional como social, asegurar el buen comportamiento tanto en los niveles públicos como en los planos privados y promover desarrollo como debe hacerse en las condiciones actuales de la realidad nacional, regional y global. Cuando no hay confianza suficiente todo lo demás se va deteriorando hasta caer en la total inoperancia o en la irreparable obsolescencia, y eso se puede comprobar con lo que está pasando ahora mismo en las más diversas sociedades del mundo.

Aquí en Centroamérica las crisis provocadas por la falta de confianza en las gestiones políticas y en aquellos que las conducen están haciendo estragos cada vez más depredadores en las distintas áreas de la gobernabilidad; y al respecto el caso de Nicaragua, que parecía blindada frente a tales trastornos, es hoy la muestra viva de lo que puede llegar a darse cuando lo que hay en verdad son caricaturas de estabilidad y simulacros de paz social. Nuestro país, pese a la inmadurez política que sigue aquejándonos, mantiene un esquema que si bien tiene fisuras y muestra zonas opacas no presenta signos de quebranto regresivo, y eso hay que preservarlo por todos los medios posibles.

Pero tampoco hay que desconocer los peligros estructurales que constantemente nos amenazan, y por todos los medios al alcance habría que habilitar seguridades concretas de que se van a conjurar los riesgos de estancamiento paralizante y ya no se diga de retroceso histórico. Lo principal sería dar señales muy concretas de que nos encaminamos hacia la solución de nuestros problemas de fondo, como son la inseguridad, la escasez de oportunidades y el crecimiento económico insuficiente. Si dichas señales no aparecen, con la claridad y la pertinencia que las harían sustentables, se mantendrá el estigma de que somos una sociedad incapaz de darles respuestas a sus principales desafíos.

En el tema específico del desarrollo que tanto necesitamos para hacer que nuestra sociedad no siga flotando sin rumbo sino que se dirija con certeza hacia sus horizontes más propicios, se hace indispensable contar con un plan de acción que recoja y trate de manera integrada dos elementos absolutamente vitales para que el país funcione como debe ser: las necesidades prioritarias de la población y los mecanismos activadores del progreso real. El no haberse preocupado hasta la fecha por lograr ese empalme virtuoso en ninguna de las estrategias puestas en práctica nos mantiene en esta nefasta situación de impase estructural.

Sólo se gana credibilidad cuando esta puede demostrarse en los hechos; y, por consiguiente, lo que los salvadoreños estamos llamados y conminados a hacer en esta precisa coyuntura es asegurar que los hechos tengan la suficiente capacidad de convicción para que nadie dude de que vamos hacia adelante. Y hay que empezar por que lo creamos así nosotros mismos.

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