Debemos pensar bien antes de hablar

Es probable que a cualquiera de nosotros le haya ocurrido que al querer expresar en forma oral o escrita una palabra usemos equivocadamente otra, con la cual no existe ninguna relación en cuanto a lo que deseamos expresar.
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Sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar que padecemos de alguna grave patología en nuestro cerebro, o estemos proclives a padecerla, porque esta clase de fenómenos psíquicos puede ocurrir hasta a las personas más inteligentes y con excelente preparación académica.

Si partimos del principio expuesto por el médico y neurólogo austríaco, fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, “La mente consciente no es la totalidad de la mente”, podríamos afirmar que diferentes formas de la conducta del ser humano están supeditadas a fenómenos psíquicos inconscientes difíciles de controlar, si la mente es distraída por alguna causa externa.

En la obra “Introducción al psicoanálisis” de Freud se sostiene que los errores cometidos al hablar o escribir pueden ocurrir en los siguientes casos: “1) cuando la persona que los comete está ligeramente indispuesta o fatigada; 2) cuando alguien está sobreexcitado por algún motivo; 3) cuando la persona se encuentra absorbida por cuestiones diferentes a aquellas que desea referirse”.

Las “funciones o actos fallidos” –como llama Freud a los errores que se cometen al hablar y escribir– también se refieren al olvido de nombres de personas u objetos que conocemos, y que son difíciles de recordar cuando queremos hacerlo. Además se refieren al olvido de cosas que hemos colocado en algún lugar, pero que difícilmente podemos recordar cuando las buscamos. A muchos nos ha ocurrido estar buscando los lentes, cuando estamos haciendo uso de ellos, o buscar la gorra o el sombrero, teniéndolos puestos.

Es obvio que esta clase de fenómenos psíquicos ocurren con menos frecuencia, si las personas que hablan en público o escriben buscan la forma de no distraerse en otras cosas mientras hacen esas actividades. Con mucha frecuencia hemos escuchado errores involuntarios de personas que desempeñan cargos importantes, al expresarse en público.

Sin embargo, estos errores como lo expresamos en párrafos anteriores, le pueden ocurrir a cualquier persona con poca o mucha cultura, por tanto, debemos pensar bien antes de hablar o escribir.

Pero la forma de expresarnos bien no debería estar circunscrita solo a la corrección de los términos que usamos, sino también, deberíamos tener cuidado en la forma y el ánimo con que expresamos las palabras y frases, tratando de evitar las expresiones peyorativas, los epítetos inadecuados, que pueden dañar la susceptibilidad de las personas a quienes nos dirigimos. Con alguna frecuencia hemos podido escuchar a algunos funcionarios de Gobierno expresar en sus discursos mensajes que posteriormente tuvieron que rectificar, porque fueron expresados en un momento de euforia y con deficiente asesoría, como es el caso de algunos funcionarios públicos que se vieron involucrados en el proceso de la tregua entre pandillas, habiéndolo negado posteriormente. Asimismo, lo expresado por nuestro mandatario en su anterior programa sabatino, donde criticó al gobierno provisional de Brasil, después de la destitución de Dilma Rousseff, ordenando además la salida de la embajadora salvadoreña en ese país. La vox populi comenta que ha visto con extrañeza la actitud de nuestro presidente, porque siempre se ha caracterizado por ser un hombre tranquilo, mesurado y con facilidad para tender puentes hacia las personas que no piensan como él. Sin embargo, a veces expresamos ideas de las cuales nos tenemos que retractar posteriormente. En el caso de Brasil, si el actual gobierno no permite el retorno de la presidenta al poder, nosotros tenemos que continuar teniendo relaciones armoniosas con ese país, por los vínculos de amistad que nos unen. Incluso, es necesario que nuestro presidente se disculpe con el presidente de Brasil Michel Temer, aclarándole que todo se debió a un involuntario exabrupto.

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