Debemos seguir insistiendo en el tema vital de la confianza

De permanecer así, llegaremos a la próxima Administración con posibilidades cada vez menores de hacerles frente con éxito a los diferentes retos que tenemos por resolver.
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Nuestro país padece, desde hace tiempos, un síndrome de lento crecimiento económico, que se hace más evidente e incómodo al contrastarlo con las cifras y dinamismos que se dan en nuestro inmediato entorno centroamericano. Somos, penosamente, el país que menos crece en la subregión; y estar en esas condiciones debería servir, en primer término, para tomar conciencia de que algo muy serio nos afecta, a fin de pasar de inmediato a hacer los debidos diagnósticos que posibiliten los tratamientos adecuados en función de las indispensables correcciones, de conducta y de rumbo. Quedarnos viendo el ombligo de la crisis, que es lo que se viene haciendo hasta la fecha, es la mejor receta para perpetuar los males y sus trastornos.

Desde diferentes ángulos del conglomerado político, económico y social se oye con puntual frecuencia el llamamiento a generar confianza. Esto indica, en primer término, que tal necesidad no es exclusiva de un sector en particular, sino un imperativo que se siente en el ambiente en general. Y es que si no hay confianza básica nada funciona como debe ser, tanto en la vida personal como en los distintos ámbitos colectivos. Pero de entrada aclaremos un punto: generar confianza no agota el esfuerzo del que estamos hablando; ya que hay que hacer permanente y sostenible la confianza generada. En otras palabras, la confianza que se requiere sólo puede derivar de un trabajo compartido entre todos los sectores nacionales, que no deje portillos de inseguridad ni permita desagües de desestabilización.

Hay que entender que la confianza es en su origen un sentimiento que se va plasmando en diversas sensaciones. Por ello es que las actitudes son tan determinantes a la hora de propiciar confianza. Dos factores vienen a ser, entonces, básicos para lograr el efecto deseado: respeto mutuo y consistencia en la línea de acción. No es de extrañar que la confianza esté tan dañada cuando vivimos en el conflicto constante y hay tanta ambigüedad sobre las líneas reales de acción de las fuerzas políticas que tienen más peso en el ambiente.

Sería muy saludable y útil que los distintos liderazgos nacionales tomaran en serio la demanda de confianza que la misma realidad va poniendo sobre el tapete, con datos estadísticos inquietantes y pronósticos decepcionantes sobre el desempeño del quehacer nacional, específicamente en el tema del crecimiento. Y al tomar en serio tal cuestión, tendría que venir un acuerdo inicial destinado directamente a sentar bases de confianza, más allá y por encima de los tiempos políticos y de los plazos gubernamentales.

Lo que sorprende es que después de tanto tiempo de estar en las mismas, sufriendo las consecuencias de tal actitud reacia a ver la realidad como es, nadie se anime aún a tomar una iniciativa convincente en la línea que las circunstancias exigen. De permanecer así, llegaremos a la próxima Administración con posibilidades cada vez menores de hacerles frente con éxito a los diferentes retos que tenemos por resolver.

Estamos en campaña, y hasta hoy lo que se ha visto son los recorridos de siempre, en el activismo de siempre. Nadie ha mencionado, en forma sustantiva y articulada, el déficit de confianza que padecemos, y no para señalar culpables, lo cual no lleva a nada, sino para proponer fórmulas y mecanismos que permitan que todos empujemos al mismo tiempo hacia el desarrollo y el progreso.

Tags:

  • Crecimiento económico
  • subregión
  • crisis

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