Lo más visto

Más de Opinión

Decisiones excepcionales

Las visiones y decisiones políticas adoptadas en el período 1971-2016 han conducido a que en El Salvador prevalezca el resentimiento social (odio), la polarización ideológica (confrontación), el centralismo (control estatal en pocas manos) y la corrupción (mal uso del poder público).
Enlace copiado
Decisiones excepcionales

Decisiones excepcionales

Decisiones excepcionales

Decisiones excepcionales

Enlace copiado
La hipótesis es que estos cuatro elementos son las causas determinantes de la actual crisis política, la cual tiende a profundizarse por la limitada capacidad de los hacedores de políticas públicas.

En este contexto y por la falta de una cultura democrática, miles de connacionales siguen depositando el destino del país en manos únicamente de dirigentes y burócratas partidarios. Esta forma de gobernar ha hecho que El Salvador se encuentre en un “callejón sin salida”. Consecuentemente, los ciudadanos y sus organizaciones deberían redoblar esfuerzos para hacerse escuchar constructivamente y tomar decisiones excepcionales. A continuación se presentan cuatro opciones.

Opción 1: Rechazar el centralismo. El actual modelo de gobierno está agotado y es incapaz de generar credibilidad en los gobernantes. ¿Por qué? Debido a que se deposita el poder público en cúpulas partidarias o económicas en la ciudad-capital, se restringen las iniciativas subnacionales (regionales, departamentales y municipales) y se descalifica toda voz o posición contraria al gobierno de turno.

Opción 2: Luchar por la inclusión ciudadana. El Salvador del siglo XXI se caracteriza por hacer girar la opinión pública en dos extremos ideológicos: neoliberales y neoestatistas. El común denominador de ambas corrientes es entorpecer la participación ciudadana en la toma de decisiones. Por lo que y para equilibrar los poderes político y económico, es necesario el involucramiento de la llamada “clase media” y la activación de su capacidad propositiva para incidir en políticas públicas.

Opción 3: Potenciar el diálogo público-privado. Este método es esencial para abandonar las actitudes negativas hacia los sectores empresarial y gubernamental. Una cosa es clara, esta antipatía mutua ha afectado la atmósfera democrática. Por ende, es conveniente que los tomadores de decisión comprendan que la vigencia del Estado de derecho (aplicación de la ley) y la certidumbre son cruciales para mejorar el clima de inversiones. En otras palabras, tan importante es el rol del Estado como el papel de la iniciativa privada para dinamizar el crecimiento económico.

Opción 4: Respaldar la cooperación pública-privada. Las finanzas públicas están en aprietos y el país no dispone de fondos para hacerle frente a las crecientes necesidades de infraestructura en el interior del país. En consecuencia y dado que la falta de trabajo a nivel local favorece la violencia delincuencial y la emigración hacia otros países, la movilización de recursos públicos y privados podría ampliar las oportunidades para las inversiones, negocios y empleos en los catorce departamentos. De avanzar en esta dirección, se mejoraría la economía nacional, local y familiar.

Conclusión: un número creciente de gobernados desconfían de los gobernantes en momentos en que El Salvador enfrenta el riesgo de un “impago” de la deuda pública y está por iniciar un tenso período electoral (2017-2019). Se requiere, entonces, que trabajadores por cuenta propia, amas de casa, empleados, jubilados, universitarios, profesionales y empleadores acepten el reto de hacerse escuchar y de actuar propositivamente. El punto es favorecer abiertamente la vía del diálogo y la cooperación público-privada para derrotar la polarización ideológica, dinamizar la economía y sacar adelante al país.

Tags:

  • polarizacion
  • ideologias
  • corrupcion
  • politicas publicas

Lee también

Comentarios