Declaración de Independencia de EUA es ignorada por políticos contemporáneos

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La Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) es un documento histórico que establece las bases para un orden jurídico y administrativo con ideas nobles, claras e innovadoras para la fundación de un país con características contrastantes con los vicios y pecados de la monarquía británica, de la que se desligaba.

En el segundo párrafo de la Declaración unánime de Independencia, de las 13 colonias que conformaron el núcleo de la nueva nación, se lee:

“Sostenemos que estas Verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos Derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”.

Dicha Declaración destaca el espíritu de la creación divina y el hecho de que todos los hombres son creados iguales y tienen derecho a la búsqueda de la felicidad. Todos los hombres, quiere decir sin excepciones ni estratificación y, obviamente, sin importar el color de su piel, de su pelo o de sus ojos.

También la Declaración hace recordar los ancestros migratorios de los colonos y respalda a los que anhelan llegar. Literalmente dice, entre otras cosas, que el rey de Inglaterra “se ha esforzado por desalentar la población de estos Estados; para ese propósito ha obstaculizado las Leyes de Naturalización de Extranjeros; se ha negado a aprobar otras que alientan la Migración y ha aumentado las exigencias para las nuevas apropiaciones de Tierras” (sistema para promover la llegada de nuevos inmigrantes). Es decir que para los padres de la Nación, no se debía levantar muros sino construir puentes.

Los próceres de la Unión Americana se inspiraron para sentar las bases de un Estado de derecho moderno, promoviendo un concepto de igualdad sin precedentes en su época. Veintitrés años después la Revolución Francesa lo incluiría en su famoso lema: “Libertad, Fraternidad, Igualdad”.

Los ciudadanos de EUA, país que nació cobijado por hermosas ideas y que llegó a la escena mundial para destacarse, no pueden aplaudir el indulto otorgado al tristemente célebre alguacil Joe Arpaio, quien desde su despacho creó un refugio para perros con aire acondicionado, mientras introducía a inmigrantes latinos en un campamento (campo de concentración) sin techo para que se calcinaran bajo el sol abrasador de Arizona. Tanto él, como el presidente que le ha indultado, deberían repasar la historia de su país y recordar cómo sus próceres independentistas se acogieron a generosos principios de justicia, equidad, hospitalidad y hermandad humanas; y cómo los indios americanos le dieron de comer a los peregrinos europeos.

Si Benjamín Franklin, para citar solo uno de los firmantes de la Declaración de Independencia, se levantara de su tumba y viera esto que está ocurriendo actualmente en su país... se moriría de nuevo. Quiera Dios que las fuerzas del bien tengan la capacidad de hacer cambiar de rumbo a las dirigencias que pueden conducir a la humanidad a su extinción.

Valga aclarar que el pueblo norteamericano no eligió a sus actuales gobernantes por el voto directo, sino por un obsoleto sistema electoral acremente criticado hace unos años por el propio señor Donald Trump, cuando no le favorecía.

La Democracia de todo el mundo, sin dejar de serlo, tendrá que activar filtros para evitar que sus instrumentos (como decir el sistema electoral libre) se conviertan en facilitadores del acceso al poder de personas potencialmente peligrosas y destructivas.

Mientras tanto, que Dios nos ampare.

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