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Defendamos nuestra Patria

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La Patria puede ser agredida desde allende las fronteras y para defenderla existen mecanismos como la diplomacia o la Fuerza Armada en caso de que aquella falle, siguiendo protocolos más o menos largos. Ejemplo de ello lo tuvimos el siglo pasado cuando se desarrolló una guerra de legítima defensa contra los abusos de uno de nuestros hermanos centroamericanos. Y se desarrolló justamente en ambas vías siendo necesario acudir a la fuerza de las armas y al sacrificio y la sangre de nuestros soldados que, independientemente del rango, se inmolaron en aras de nuestra dignidad y soberanía. Así cayeron desde soldados hasta coroneles, cubriendo de gloria sus pechos y la memoria que de ellos persiste.

Muchos tuvimos oportunidad de vivir y acuerpar esa gesta que como un solo hombre toda la nación apoyaba sin distingos de clases sociales o credos religiosos. El Salvador era un solo hombre. Esa gesta dolorosa pero necesaria inició el 14 de julio de 1969 y se conmemora con orgullo patrio. Pero la patria puede ser agredida desde el interior, por distintas razones como se vivió en la guerra civil de doloroso recuerdo y que se sufrió por décadas de dolor y angustias, derramándose abundante sangre de nuestros jóvenes y mejores hijos en ambos bandos en contienda y eso no se puede ni se debe tildar de farsa porque hacerlo es asestar una puñalada a nuestro dolor cívico, pero que finalmente fue resuelto –con resultados perfectibles– por la vía diplomática.

Ahora, se ciernen negras nubes sobre la esencia de nuestra nación. Los ciudadanos cada vez más percibimos amenazas sobre lo más sagrado que tiene un ser humano: la libertad. Los capítulos más denigrantes para los ciudadanos de distintas naciones fueron escritos con los abusos que sufrieron los esclavos reducidos a condición de subhumanos, de bestias de carga y trabajos forzados. La libertad la vemos coartada cada vez más por las acciones que el gobierno de turno está tomando en forma acelerada con una carga de amenaza que cause temor a la prensa libre y a la ciudadanía.

Al parecer, la asesoría extranjera nefasta está siendo efectiva arrollando a cualquiera que opine diferente a los planes que se han trazado. Se olvidan que la historia ha demostrado: 1) que ningún régimen tiránico es eterno y siempre tienen final poco feliz como se vio en los recientes casos de Sadam Husein y otros; 2) que la ciudadanía salvadoreña tiene un límite de aguante y cuando se decide a levantarse no lo detienen las amenazas ni las balas; ya se han dado ejemplos en el pasado; 3) que finalmente se concluye que es preferible morir de pie con orgullo, que vivir arrodillado.

Parte de la tercera estrofa de La Marsellesa: ¡Dios santo! Encadenadas por otras manos, nuestras frentes se inclinarían bajo el yugo. Unos déspotas viles serían los dueños de nuestros destinos. Unámonos, profesionales, ciudadanos y gremiales. La patria lo vale. Salvadoreños, actuemos, aún hay tiempo.

Tags:

  • patria
  • Fuerza Armada
  • amenazas
  • La Marsellesa

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