Definitivamente no hay líder

Recientemente escribí unas notas con el título: “No se percibe un líder”, con lo cual quedaba implícito la posibilidad de que existiese un ciudadano que reuniese las exigencias primarias de un país que requiere con urgencia de un liderazgo para propiciar acuerdos políticos que le permitan potenciar sus recursos para reducir las altas tasas de desempleo abierto, alcanzar las tasas de crecimiento económico que registran sus vecinos del área centroamericana, erradicar la corrupción, reducir significativamente la violencia y abolir la matanza entre compatriotas.

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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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¿Por qué unos pocos ciudadanos, no productivos por cierto, se apropian del país al decidir por todos, salvaguardando sus intereses personales, sacrificando la posibilidad de un país de utilizar sus recursos potenciales de una manera eficaz para generar beneficio de una cobertura amplia y colectiva? ¿Por qué él resto, la inmensa mayoría, permite esa anormalidad con un silencio pasmoso? Francamente ese proceder histórico no es lógico, pero sí guanaco, entonando en el amanecer en dúo con los gallos: ¿y qué quiere que haga?

Analizando a conciencia el antecedente y la realidad nacional, así como el perfil cultural del salvadoreño, no es de extrañar la falta de exigencia de los gobernados a pesar de la crisis integral del país. Lo más dramático es que el tiempo se encargará de que todos y el país territorialmente hablando sobrevivirá por simple evolución. Nunca tocará fondo, habrá más pobreza.

Países que en el pasado reciente (hace cinco o seis décadas) fueron pobres y con escasez de recursos naturales, despreciados por países vecinos, hoy en día figuran como grandes potencias y han logrado concentrar mucha riqueza en un espacio territorial pequeñísimo (menos de 1,000 kilómetros cuadrados). Hoy en día con una renta per cápita mayor de $60,000 y con un crecimiento impresionante en las últimas seis décadas.

Por ejemplo el caso de Singapur, una ciudad-Estado con una “dictadura buena” o “dictadura light” o democracia parlamentaria, precisamente por la enorme fuerza de sus líderes. Lee kuan Yew fue el primer ministro de Singapur durante 30 años, el padre de la Singapur Moderna, después de que los ingleses mandaron durante un siglo, antecedente último al que muchos le atribuyen la explicación del éxito. En todo caso, Singapur es uno de los países menos corruptos del mundo y el suscrito prefiere darle más énfasis a aspectos como la disciplina y la voluntad política para subrayar lo que un país puede hacer.

Y es el aspecto que deseo subrayar: un liderazgo que decida echar adelante un programa integral y estrictamente mancomunado sobre seguridad nacional, economía y educación. Pero urge, para que en veinticinco años se perciban los resultados. Se busca con urgencia un líder: “Deberá ser una persona que se haga respetar y que efectivamente sea respetado”.

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