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Deja vu

A juzgar por los resultados de la elección de las autoridades superiores de la Corte de Cuentas el lunes pasado, la Asamblea Legislativa no “encontró ningún hallazgo” (en el lenguaje florido que se estila en esa entidad) que pudiera invalidar esa decisión. Sin embargo, el mero hecho de que esta se haya tomado casi un mes hacía suponer que, en esta ocasión, se respetaría la jurisprudencia acumulada por las sentencias de la Sala de lo Constitucional que invalidaron cuatro elecciones anteriores por diversas razones y, muy especialmente, por fraude de ley. Esto último parece haber ocurrido al menos en la elección de la presidenta.
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Y si esto es así, estaríamos en presencia de una actitud contumaz, disfrazada con una máscara sucia de gobernabilidad, pero donde todo gira alrededor de una maquinación perversa para mantener maniatada a una entidad de la cual se puede constantemente sacar raja política y, peor aún, utilizarla como escudo para cometer fechorías contra el erario nacional. Pero a ocho días de esta nueva ofensa pública, ya se escuchan también tambores de guerra que anticipan una nueva lucha sin cuartel para volver por los fueros de la decencia política y así desnudar una vez más a los principales de muchos de los problemas que está viviendo el país. Evidentemente, la maledicencia de estos no tiene límites, a juzgar por las versiones de algunos diputados de oposición que aseveraron que los nombres y perfiles de varios de los ungidos solo se conocieron en la mañana del día de la elección. Consecuentemente, todo el proceso de selección fue una pantomima.

No disimula esta conducta tramposa, el hecho de que en esta oportunidad se haya incluido a dos mujeres para integrar la máxima dirección y a otra para ocupar una suplencia; tampoco que la mayoría de los elegidos provenga de la misma entidad. Si bien lo primero puede interpretarse como un reconocimiento al lugar que merece la mujer en la escala ocupacional, también puede percibirse como una manipulación del género para limpiarle el rostro a la entidad por medios poco éticos. Y en cuanto a lo segundo, sin duda la experiencia laboral dota a las personas de mayor idoneidad para el cargo, pero demanda mayor responsabilidad y ética a toda prueba, para evitar justamente que ese conocimiento dé paso a conductas reñidas con la ley.

También resulta censurable, que entre los magistrados suplentes se haya elegido a una persona que ha sido señalada por haber actuado de manera inapropiada al momento de actuar en un caso en el cual estaban en juego casi $50 millones. Probablemente este mismo personaje, habiendo sido parte de la administración superior, tuvo conocimiento de la auditoría (con resultados limpios) que se le practicó a una ONG que recibió recursos públicos y dirigida nada menos que por la esposa del presidente del Congreso. A esta no le “encontraron hallazgos” a pesar del conflicto de interés y de que algunos de los supuestos beneficiarios no sabían ni siquiera de su existencia.

En esta nueva réplica de un Deja vu interminable, hay que valorar el hecho de que el principal partido de oposición dejó en libertad a sus diputados de votar según su conciencia. Sin embargo, muchos piensan que ello, antes que responder al espíritu y la letra del art. 125 Cn., es un reflejo más de las divisiones internas por las que está atravesando ARENA, a escasos meses de las elecciones legislativas y municipales, en las que estará en juego la institucionalidad democrática. Institucionalidad que, desafortunadamente, tiene todavía rasgos bucólicos, porque precisamente esos negociados que se estilan en el Congreso entorpecen su consolidación. Sin embargo con la elección de los nuevos custodios de la “joya de la corona”, podríamos estar a las puertas de que la SC nos dé una nueva lección de decencia política. Por esto y más, te echaremos de menos, querido Hato.

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PD (4). Señor Maduro: informados de sus caprichos, insistimos en su no grata presencia.
 

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