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Del político y del votante

En el político tradicional salvadoreño se observa que muchos tienen bastante de gallo giro y poca firmeza en la ideología que confiesan, pero mucha capacidad para aprovechar las coyunturas que se dan en cada proceso electoral.
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El país en los últimos 30 años ha sido gobernado por tres partidos políticos con visiones, ideologías y objetivos diferentes. Después de gobiernos militares conservadores, devino uno reformista y radical que nacionalizó los bienes estratégicos del país, un período de 20 años de nacionalizaciones, para arribar en el siglo XXI a un gobierno de corte socialista moderado que se inauguró el 1.º de junio de 2009, cuyos actos más bien han sido la expresión de un socialismo personal del gobernante sin mayor congruencia con la ideología del partido.

En esos años se dieron deserciones, renuncias y expulsiones de dirigentes políticos que se suponían identificados con los principios ideológicos del partido. Se fundaron por estas tránsfugas nuevos institutos políticos, pero luego de difundir sus planteamientos no lograron subsistir. Unos promotores de tales iniciativas volvieron a integrarse a sus nichos anteriores, haciendo “mutis” sobre la carta de principios que impulsaban. Otros, sin reparos, se incorporaron a partidos de carta ideológica diferente y los engañados se quedaron frustrados, posiblemente esperando nuevas oportunidades.

Los atributos particulares que definen la común idiosincrasia del salvadoreño facilitan al sociólogo político establecer parámetros más para conocer sus motivaciones, acciones y reacciones ante ciertos acontecimientos que los desafían y que, de alguna manera, actuar o hacer, reafirma su yo intrínseco, de ahí la importancia relativa de las encuestas en un determinado momento. Lo imprevisible es parte del comportamiento.

Las democracias tropicales que a veces apadrinan algunos políticos, la marginalidad y el desamparo, la pobreza, la falta de educación y ausencia de una cultura política se convierten en elementos distorsionantes para cualquier partido que busca asegurar el voto. Incluso el voto duro que pudiera tener.

Pedir al salvadoreño fidelidad y lealtad a un determinado partido es un tema que deberán estudiar con detenimiento los dirigentes, teniendo a la vista que a lo largo de los años la democracia en el país no ha logrado alcanzar un grado de credibilidad plena.

Cada campaña electoral trae consigo nuevas mentiras, ingeniosos planteamientos demagógicos, lugares comunes y hasta ofertas desgastadas. Esperamos que en esta ocasión las ofertas de campaña se centren en la presentación clara e inteligible de los diferentes proyectos de Gobierno. Quisiéramos augurar una campaña electoral seria, respetuosa de los otros partidos y del cuerpo electoral, rica en proyectos factibles, optimistas, pero al mismo tiempo tranquilizadora, que enaltezca y dignifique la participación del votante y su decisión de votar por el partido de su preferencia.

Hasta hoy los partidos han expresado que harán esfuerzos por hacer de esa fiesta cívica un acontecimiento que despierte el sentimiento patriótico y que estimule la conciencia social crítica en el electorado. El salvadoreño es proactivo por vocación.

Se debe reconocer que algunos partidos han capitalizado simpatías en sectores que tradicionalmente han sido indiferentes. Esta vez esperan que el candidato triunfante no improvise funcionarios, que llame a los mejores salvadoreños para integrar el Gobierno, que en lo posible sean conocedores experimentados de las ciencias vinculadas con los negocios del Estado.

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