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Del presente y del futuro de nuestros niños y jóvenes depende la suerte del país y de toda su gente

Lo único que puede traer visiones en verdad constructivas y políticas de veras efectivas es que se ponga en movimiento un plan nacional en el que los propósitos y los intereses de la población estén en primera línea.

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En el ambiente nacional, los factores de riesgo para la supervivencia de los seres humanos y desde luego para el desarrollo individual y social se han venido volviendo cada vez más activos y determinantes, hasta el punto que dichos factores son los que prácticamente dominan el desenvolvimiento de la realidad en los más diversos campos y áreas de la vida nacional. Este fenómeno, tan depredador y desactivante, ha crecido y se mantiene en expansión porque no han existido estrategias políticas ni proyectos institucionales que tengan la suficiente fuerza para reordenar las cosas de manera sustancial y sostenible. Los salvadoreños, por debajo de las crisis incidentales que tanto nos afectan, padecemos un trastorno funcional de amplio arraigo que debe ser atendido y corregido cuanto antes para ya no seguir deteriorándonos como comunidad y como nación.

Dentro de esta situación que requiere tratamientos inmediatos y verdaderamente eficaces, el destino de la población en general está en juego, y eso se vuelve aún más dramático en lo que corresponde a la niñez y a la juventud que están emprendiendo su ruta de vida en condiciones tan complejas y desafiantes. Y en lo que toca a la dinámica formativa, un estudio proveniente de la Fundación para la Educación Integral Salvadoreña (FEDISAL) revela que el abandono escolar es alarmante, y que sólo en 2018 unos 63,480 estudiantes abandonaron los centros escolares, principalmente en las zonas rurales, que es donde la inseguridad se vuelve más agobiante. La pérdida que este dinamismo tan autodestructivo representa para las vidas individuales y para el conglomerado en general es realmente patética.

La presencia agresiva del factor pandilleril tiene gran impacto en este acaecer desestructurador. Según datos oficiales, más de 40,000 estudiantes de diversos niveles educativos abandonaron el estudio durante 2019 principalmente por efecto de la violencia y de las amenazas de las pandillas. Estas no son meras cifras, sino que constituyen testimonios de riesgo mayor y de crisis de destino para infinidad de personas que están en la etapa de formarse para su vida futura. La pregunta inmediata tendría que ser: ¿Qué le espera al país si los niños y los jóvenes de hoy están viendo y sintiendo tan amenazado su desenvolvimiento inmediato y posterior? Y la respuesta debería traer consigo, como componente ineludible, un plan integral para la seguridad de toda la población y para el real despliegue de oportunidades que aseguren progreso constante y desactiven definitivamente todas las tentaciones de incorporarse a las estructuras de la criminalidad.

De un enfoque sincero y certero de toda esta complejísima problemática resulta inequívocamente evidente que lo único que puede traer visiones en verdad constructivas y políticas de veras efectivas es que se ponga en movimiento un plan nacional en el que los propósitos y los intereses de la población estén en primera línea; y, muy prioritariamente, deben estarlo las acciones y los tratamientos que se dirijan hacia la niñez y hacia la juventud, que es donde están el máximo estímulo del presente y la máxima energía del futuro.

Hay que replantearse la dinámica educativa en todas sus dimensiones, comenzando por el ejercicio respectivo en el seno familiar. No es simple cuestión de estrategia planificadora en el plano administrativo: hay que ir a las raíces del aprendizaje completo, que abarca el conocimiento y la conducta en sus variadas expresiones. Sólo así será posible asegurar la consistencia de la formación.

Es de esperar que todas las fuerzas nacionales, y en particular las que tienen responsabilidad conductora, se unan en este esfuerzo que no debe tener colores ni discriminaciones. Aquí hay un tema de nación que nos compromete a todos.

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  • juventud
  • abandono escolar
  • pandillas
  • niñez
  • aprendizaje

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