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Del sueño a la pesadilla

Este día se cumple exactamente un mes de la asunción del señor Donald Trump como el 45º presidente de la potencia más poderosa del mundo. Acostumbrados a escuchar promesas de campaña que nunca se cumplen, muchos esperábamos que ya aclimatado al despacho oval, el mandatario actuara totalmente alejado del discurso confrontativo, amenazante y de mal gusto con que aderezó su campaña. Sus mismos conciudadanos pensaban que ya en el poder moderaría esas actitudes y se comportaría conforme a la altura y responsabilidad que demanda su alta investidura.
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Como lo ha señalado Robert Shrimsley, “la angustia que muchos sienten acerca del señor Trump va más allá de lo que se relacione con sus puntos de vista o con el temor de que pueda desencadenar una guerra... La América de Trump es un lugar tenebroso, temeroso e insular” (Financial Times, LPG 8/2/17). Y de hecho, su obsesión por dar marcha atrás a decisiones estratégicas que había tomado el presidente Obama (Obama Care, Acuerdo Transpacífico, Irán, Cuba) compite con las acciones anunciadas contra los migrantes: muro en la frontera con México, deportaciones masivas, amenaza subliminal de enviar tropas a ese país para acabar con los carteles de la droga y las barreras arancelarias.

Frente a esto, las manifestaciones de rechazo a lo largo y ancho del país (incluyendo “Un día sin migrantes”), la disposición de ciudades importantes como Nueva York, Los Ángeles y Chicago de servir de “santuarios”, la oposición de universidades de prestigio e iglesias y la reacción del centro neurálgico de la tecnología estadounidense, Silicon Valley, no pueden ser más elocuentes. Pero la primera y contundente lección frente al despropósito migratorio la dio un juez federal del estado de Washington, cuando vetó el decreto ejecutivo que prohibía temporalmente el ingreso de refugiados e inmigrantes de 7 países de mayoría musulmana. Esto le valió a dicho juez, a pesar de que su sentencia está apegada a la Constitución, recibir severas críticas de parte del gobernante. Ante esto, Neil Gorsuch –su designado conservador para suplir la vacante en la Corte Suprema– reaccionó catalogándolas como “desalentadoras” y “desmoralizadoras”.

En ese escenario, El Salvador está virtualmente en la orfandad. Debido a la dependencia histórica de Estados Unidos y a una Centroamérica desunida que dificulta las acciones colectivas, nuestras opciones son mínimas frente a una política antimigratoria que afectaría mayormente a nuestro país. El impacto sobre las remesas sería severo, sabiendo que han sido por largos años un soporte fundamental para mantener a flote la economía. Paradójicamente, o mejor dicho –irresponsablemente– no hemos sabido aquilatar el esfuerzo que realizan los que las generan, a quienes siempre hemos considerado como un escape ante la falta de oportunidades en nuestro país, cuando no como simples instrumentos que sustituyen el esfuerzo interno.

Y aunque no se tratara de una deportación de dimensiones astronómicas, la misma nos tomaría, como dicen por allí, con los pantalones abajo. No son temas menores, la aguda crisis fiscal, el magro desempeño de la economía, la delincuencia desbordada y los efectos perniciosos de la polarización. El riesgo que corre la ayuda económica también está latente, en tanto no se combata sin cuartel la corrupción, no se respete el Estado de derecho y no hagamos todos un esfuerzo genuino para poner a El Salvador en primera línea.

Por el momento, desconocemos los planes gubernamentales para enfrentar una situación que puede sin duda complicar más nuestro diario vivir. En este sentido, no se pueden eludir sus efectos sobre nuestra alicaída economía, el desempleo, la delincuencia y en la provisión de bienes y servicios básicos de parte del Estado. Recordemos que incluso están en riesgo personas protegidas por el programa de “acción diferida” y, más adelante, por las implicaciones que puede tener un nuevo enfoque del TPS. Así las cosas, solo queda confiar en Dios y en las instituciones estadounidenses. Mientras tanto quedamos a expensas de lo que decida un señor, quien a pesar de sus raíces extranjeras está convirtiendo el “sueño americano” en una pesadilla mundial.

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