Delincuencia y competitividad

Hace algunas semanas me invitaron a participar, como docente de economía de ISEADE-FEPADE, en una actividad académica auspiciada por el Grupo Cerca, responsable de la publicación de la revista Mercados y Tendencias, entre otras; el tema a debatir, la competitividad del país.
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La idea consistiría en analizar, entre otros asuntos, los resultados publicados por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas inglés) en su informe más reciente sobre competitividad, donde aparece El Salvador en la posición 95, entre 140 países estudiados.

En esta oportunidad, el país presenta un claro retroceso respecto al año 2014, cuando ocupó la posición número 84 dentro del referido ranking.

Sobre este fenómeno y a pesar de que el titular del Ministerio de Economía intentó justificar tal situación, según se pudo constatar al revisar varias noticias aparecidas en este mismo periódico, todos deberíamos pensar en qué hacer respecto a este asunto, especialmente porque las proyecciones de crecimiento mundial para este año, según ese mismo organismo y el FMI, no son nada alentadoras, tomando en cuenta la ralentización de las economías desarrolladas, la inestabilidad del precios de las materias primas y la desaceleración de los países emergentes.

Con este telón de fondo, puede preverse que aumentarán las dificultades para superar las condiciones que explican el retroceso competitivo salvadoreño entre el año 2014 y 2015.

No debería extrañarnos, en estos momentos, que el factor señalado como determinante para la caída en la competitividad fuera la delincuencia e inseguridad ciudadana, en general; tal situación viene a confirmar las declaraciones cotidianas publicadas en los medios de comunicación acerca de la realidad nacional, indistintamente del sesgo ideológico que pudieran tener algunas de ellas.

Lo cierto es que una economía pequeña como la nuestra, abierta, con libre movilidad de capitales, carente de moneda propia y altamente endeudada, tiende a depender de la inversión extranjera para crecer, ya que carece de la flexibilidad cambiaria necesaria para apoyar al sector exportador mediante devaluaciones competitivas y no puede, tampoco, continuar endeudándose ilimitadamente para sufragar su exceso de consumo versus PIB.

De ahí que para mejorar los niveles de competitividad doméstica es imprescindible atacar el problema delincuencial desde la raíz, ya que representa una rémora para cualquier iniciativa destinada a potenciar la innovación, la inversión convencional y el crecimiento.

Cabe señalar aquí que la identificación de este factor como explicativo del retroceso competitivo nacional provino de encuestar al sector productivo, por lo que debería existir coincidencia entre el Gobierno y los demás actores sociales para sumar esfuerzos y responder a esta problemática.

En otras palabras, esta situación debería convocar la voluntad de todos nosotros para buscar soluciones, indistintamente de la posición que ocupemos en el espectro ideológico; la delincuencia nos afecta a todos porque inhibe el crecimiento y por ende, mata la esperanza de alcanzar mejores condiciones de vida.

Por otro lado, la burocracia se identificó como otro factor que incide negativamente sobre los costos de transacción; sobre esto último el Gobierno tendría que aplanar sus procesos y reducir la tramitología frente al inversionista.

También se señala la corrupción y la impunidad como un factor que afecta la competitividad; en este campo la elección de un nuevo fiscal podría ayudar a desmontar el pesimismo de la ciudadanía en torno a la administración de justicia, especialmente cuando se revisa la deslucida labor de esa institución en el pasado reciente.

La seguridad ciudadana y la certeza jurídica podrían contribuir a la atracción de inversiones y por esa vía, pensar en superar la baja calificación recibida por el país en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial.

Tags:

  • competitividad
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