Lo más visto

¿Democracia a la defensiva?

A diferencia del siglo pasado, cuando las dictaduras truncaron por completo la alternancia política, la defensa de la democracia ha pasado a un primer plano en el que los organismos internacionales y la comunidad de naciones reaccionan de inmediato para reclamar el restablecimiento del orden constitucional allá donde existen amagos de graves fracturas políticas. La Carta Democrática Interamericana garantiza la práctica de la democracia representativa y, su aplicación, aunque depende de la voluntad de los Estados, cuida la limpieza de las elecciones y fomenta la denuncia de todo intento de distorsión por parte del oficialismo.

Enlace copiado
Luis Mario Rodríguez R. / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

Luis Mario Rodríguez R. / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Entre noviembre de 2017 y octubre de 2018 se celebrará en diferentes países latinoamericanos, incluyendo El Salvador, un aproximado de 9 votaciones entre presidenciales, legislativas y municipales. En Chile, Honduras, Costa Rica, Paraguay, Colombia, México, Brasil y Venezuela se elegirá a los titulares del Ejecutivo. Algunos de estos países también renovarán diputados, gobernadores y alcaldes. La buena noticia es que la democracia electoral persiste como el mecanismo por excelencia para alcanzar el poder político. El riesgo es que estos procesos, no obstante erigirse como la única vía para acceder a la administración de la cosa pública, presentan desviaciones cada vez más pronunciadas entre las que destacan la inequidad en el financiamiento político, el ventajismo oficial a favor de los candidatos del gobierno, la adulteración de los resultados, la insuficiencia de información a los votantes, la parcialidad de los árbitros electorales y la pésima organización de los comicios.

La sofisticación para engañar a los votantes incluye también al populismo y al clientelismo político. Nicaragua representa un buen ejemplo. La combinación de reformas constitucionales para reducir el porcentaje de votos que necesita el ganador, el secuestro de las instituciones, incluyendo al organismo encargado de administrar las elecciones, y el intercambio de bienes por votos contaminan por completo la esencia del sistema electoral. Otro recurso empleado en la última década, principalmente en los países que integran el socialismo del siglo XXI, fue el del “nuevo constitucionalismo”. La principal reforma en esa corriente es la de permitir la reelección presidencial indefinida. Sucedió en Venezuela y Ecuador. Los gobernantes que no obtuvieron el respaldo para cambiar la Carta Magna invocaron la interpretación del máximo tribunal de justicia para conseguir el aval que les permitiera competir de nuevo por el cargo. Ese fue el caso de Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua y Juan Orlando Hernández en Honduras. También lo intentó sin éxito Álvaro Uribe en Colombia y lo logró Óscar Arias en Costa Rica.

La antipolítica es otro de los grandes aliados del debilitamiento de las democracias. Acuerpados por la decepción del pueblo ante la falta de respuesta gubernamental al desempleo, la pobreza, la inseguridad y la carencia de servicios públicos de calidad, los “outsiders” han venido penetrando en la conciencia ciudadana y se han impuesto a los partidos tradicionales. En México, el Instituto Nacional Electoral (INE) reportó la pretensión de 86 personas para aspirar a candidaturas independientes a la Presidencia de la República en 2018. Quienes pasen el filtro que establece la ley deberán obtener más de 800,000 firmas para que su intención se concretice y se les inscriba oficialmente como aspirantes a la “silla del águila”.

El blindaje más efectivo para enfrentar el boicot de las elecciones es la observación electoral nacional e internacional antes, durante y después del evento. Solo así es posible descubrir la determinación de algunos de falsear los comicios o de utilizar artificios que inclinen la balanza a favor de uno u otro candidato. Ese será el antídoto más seguro en El Salvador.

Lee también

Comentarios