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Democracia interna en modalidad cangrejo

Persisten los que se niegan a aceptar que los partidos políticos deben y merecen renovarse.
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Para facilitar la comprensión de esta necesidad hay que tener en mente la imagen de la línea evolutiva del ser humano (…) Neanderthal, Cromañón, moderno Homo Sapiens. Vale la pena aclarar que el símil no es con personajes particulares de la vida nacional, es más bien un planteamiento para observar la evolución conceptual y práctica de este tipo de organizaciones sociales.

Los partidos políticos son un invento relativamente moderno pero han experimentado diferentes fases hasta ser reconocidos hoy como instrumentos fundamentales del pluralismo, la democracia y los gobiernos libres. En el siglo XVIII (1700) enfrentaron incluso las sospechas de los revolucionarios franceses y estadounidenses, Rousseau, Montesquieu, Jefferson, Madison, Washington fueron algunos de sus críticos. A mediados del siglo XIX (1850) el pensamiento del mundo estaba cambiando de una visión monocromática a un mundo plural, se comprendió que la diversidad de pensamiento y el disentimiento no son incompatibles con el orden político. Finalmente los partidos fueron aceptados y para mediados del siglo XX (1950) se fueron incorporando a las Constituciones de números países en Europa Continental y América Latina. En El Salvador los partidos políticos se integran constitucionalmente a partir de 1950.

Es evidente que la evolución ha llevado consigo un proceso de regulación jurídica, reformas, promulgación de leyes electorales y leyes de partidos políticos. Es precisamente en este último eslabón donde la democracia salvadoreña está rezagada. Sin embargo, se espera que pronto los diputados aprueben la ley de partidos políticos pero lo harán de manera mediocre al dejar inconcluso uno de sus aspectos, la normativa sobre la democracia interna. Esta materia se refiere a la regulación de los mecanismos de selección de candidatos, la protección de los derechos y la participación de los afiliados en la formulación de la voluntad partidaria, la elección de las autoridades y la distribución del poder.

ARENA y el FMLN han ensayado mecanismos de consultas y elecciones primarias con resultados desastrosos: confrontación, división, e incluso pérdida de las elecciones. Con este panorama la salida más conveniente es dejar sin legislar la democracia interna. Esto hace más difícil que se refresquen las estructuras tradicionales, beneficia el grado de centralización del proceso de elección de candidatos y cierra las puertas a la inclusión de otros actores en la toma de decisiones internas.

En pocas palabras, para quienes esperan la apertura de los actuales partidos políticos, la ilusión está cuesta arriba. Sobre el tema los diputados argumentan que estos procesos quedan, como siempre, sujetos a los estatutos de cada partido.

Para 2007 trece países en Latinoamérica habían regulado estos aspectos. Y es que si bien un análisis comparativo en la región muestra que los beneficios de legislar la democracia interna no son absolutos, es preciso explorar e innovar en dinámicas que promuevan la descentralización del poder y la toma de decisiones. No hacerlo es estancarse y retroceder. Aplica aquí el dicho popular si no se avanza, se retrocede, como el cangrejo.

Como señala Daniel Zovatto (2006) resulta imposible hablar sobre democracia sin hacer referencia a los partidos políticos pero también es innegable la crisis de legitimidad y credibilidad que atraviesan. Es un reto de adaptación y supervivencia. “Se encuentran en una coyuntura crítica: tienen que transformarse o se volverán irrelevantes”: Fernando Henrique Cardoso (2005).

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