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Desacuerdo desmedido

Un número creciente de salvadoreños siente que su calidad de vida sigue deteriorándose (inseguridad, endeudamiento, desempleo, suciedad y desánimo). El gran reto es que los conciudadanos entiendan que el odio y la retórica no deberían guiar las decisiones de los gobernantes ni las de los gobernados. Por ello, conviene aunar esfuerzos públicos y privados hacia objetivos comunes. La prioridad es revertir la descomposición social y generar empleos a nivel local, para que los salvadoreños puedan vivir en paz y progresar en sus lugares de origen.
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Un caso que ilustra las consecuencias del desacuerdo político es el impago en que ha caído el GOES (al no pagarle a los fondos de pensión). Este incumplimiento ha provocado una baja en el nivel de calificación internacional de la deuda salvadoreña y podría hacer que suban las tasas de interés de préstamos públicos y privados. Consiguientemente y dada la iliquidez e insolvencia financiera del GOES, el ajuste fiscal a suscribirse con el FMI podría ser más doloroso de lo previsto para la economía familiar. Por ello, a continuación se presentan cuatro paradojas que requieren de tolerancia, madurez y sensatez para que El Salvador pueda resolverlas satisfactoria y democráticamente.

Paradoja 1. Ningún problema nacional puede solucionarse hasta que se elija una nueva Asamblea Legislativa (2018) y un nuevo presidente de la República (2019). Este axioma significa aceptar que el destino del país está únicamente en manos del poder público y que las cosas se arreglan con un simple cambio de gobierno. Esa idea es anacrónica y la historia demuestra que la superación de los problemas estructurales demanda esfuerzos colectivos de largo aliento.

Paradoja 2. La separación de poderes está en riesgo en El Salvador. El efectivo desempeño de la Sala de lo Constitucional ha permitido comprender la relevancia del Órgano Judicial para el funcionamiento del sistema democrático. No obstante, la polarización y el centralismo es altamente probable que pretendan incluir la elección de cuatro magistrados de la CSJ (2018) y del fiscal general (2019) dentro de la intensa lucha por el control partidario del aparato estatal.

Paradoja 3. El “nudo ciego” está siendo apretado por los dirigentes partidarios y gubernamentales. De ser válida esta hipótesis, los gobernados deberían pronunciarse a favor del diálogo colaborativo y la cohesión social en el período electoral 2017-2019. Se requiere, entonces, que los ciudadanos y territorios levanten su voz constructivamente en todo el país (de Santa Ana a La Unión).

Paradoja 4. La prevención de la violencia debería ser parte de la política social (y no de los programas de seguridad pública). De no cambiar, el poder oficial continuará legitimándose por medio de acciones en contra de la delincuencia y el crimen, y hará permanente la presencia del Ejército en el área de la seguridad pública y en varias localidades. Este punto es controversial porque la desesperación ciudadana hace que la militarización atraiga cuantiosos votos.

Conclusión: el poder político ha dispuesto confrontar (rivalizar) de cara a las próximas elecciones. Consecuentemente, las alas ortodoxas alentarán la lucha por el control partidario del aparato estatal, reforzarán el centralismo y restringirán la voz de los ciudadanos y territorios. Es decir, la polarización conduce a un desacuerdo desmedido que deteriora la calidad de vida de los salvadoreños y obstaculiza la acción ciudadana.
 

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