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Desafortunada posición frente a lo que sucede en Nicaragua

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Javier Castro De León / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Lo que acontece en el hermano país de Nicaragua desde el 18 de abril pasado es sumamente preocupante, triste y difícil. La represión gubernamental y la violación sistemática de los derechos humanos son innegables. El Gobierno salvadoreño, tal como pasó en la OEA con Venezuela, con lo que sucede en Nicaragua se vuelve a apartar de los países que condenan las acciones antidemocráticas y atentatorias de los derechos fundamentales.

El contexto nicaragüense debe hacernos reflexionar sobre la importancia de vivir en un Estado de derecho y de contar con instituciones fuertes, aspectos necesarios para vivir en democracia y que son inexistentes en Nicaragua. La falta de ellos es lo que ha posibilitado que se vulneren los derechos humanos de la población, y que no haya una justicia independiente y eficaz para protegerlos y para frenar los abusos de poder del régimen.
En nuestro país, la política exterior alrededor de la condena a la violación a los derechos humanos por parte de regímenes antidemocráticos ha dejado mucho que desear, y más bien ha sido hasta de apoyo, tal como se ha visto en el caso venezolano y ahora en el nicaragüense. Con Venezuela, en su momento El Salvador no acompañó con su voto en la OEA para que se le aplicara la Carta Democrática, por la alteración del orden constitucional y por las violaciones al orden democrático.
Ahora con Nicaragua, El Salvador se abstuvo de votar en la OEA, en la sesión del Consejo Permanente del pasado 18 de julio, sobre la “Situación en Nicaragua”, en donde se expresó una enérgica condena por los actos de violencia, represión, violaciones de derechos humanos y abusos, incluyendo aquellos cometidos por la policía, grupos parapoliciales y otros actores contra el pueblo de Nicaragua. Como si lo anterior fuera poco, casi de forma paralela el presidente salvadoreño, quien participaba en Cuba, en el Foro de Sao Paulo, expresaba su apoyo al gobierno de Nicaragua; lamentable, solo faltó que felicitara al presidente Ortega. Siendo consecuentes con la desafortunada política exterior nacional, hubo una abstención, por lo que tampoco se concurrió con el voto salvadoreño en la resolución de la OEA del pasado 2 de agosto, sobre la creación del “Grupo de Trabajo para Nicaragua”.
Lo que esperamos muchos salvadoreños que creemos en la democracia y en el respeto a los derechos humanos es que nos solidaricemos con el pueblo nicaragüense y se condene la represión gubernamental contra su pueblo, la cual a la fecha ya suma más de 400 muertos, más de 2,000 heridos, más de 500 desaparecidos, cientos de presos políticos, denuncias de torturas, millonarias pérdidas económicas, cierres de fuentes de empleo, etcétera.
Es necesario que El Salvador dé un giro en su política exterior y la rectifique para condenar con firmeza y no apoyar explícita o implícitamente a los regímenes que violan derechos humanos. Esto ya no es un tema de respaldar a gobiernos por simpatías políticas o por proyectos políticos en común, es de humanidad, ayuda y solidaridad con un país como Nicaragua que está sufriendo una ola de represión que está llevando mucho luto a la población, la cual espero en Dios termine pronto y se pueda restaurar la democracia.
 

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