Desarrollo sostenible (II): De proyecto en proyecto

En la entrega anterior preguntamos ¿por qué todo esfuerzo de desarrollo, después de la posguerra, produce tan pírricos resultados? Entre 2015 y 2016 visitamos en la región oriental un buen número de proyectos, de ONG y entidades gubernamentales, con los predecibles resultados: los resultados positivos se generan solo y cuando está presente el ente promotor; la iniciativa muere, o en el mejor de los casos sobreviven insignificantes vestigios, media vez se retira el ente promotor.
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Este fenómeno no es exclusivo de la región oriental, los mismos pobres y efímeros resultados se observan en muchos esfuerzos de desarrollo socioeconómico a través del país. Planes y proyectos no han faltado: el puerto de la Unión Centroamericana (Cutuco) como emblemático estandarte de fracaso, artilugio que languidece cual monumento a la torpeza e incompetencia de nuestros gobernantes; FOMILENIO I, orgullo de la burocracia americana en términos de su ejecución, de pírricos resultados, solo queda la carretera Longitudinal del Norte, con tramos en lamentable estado, ¿y los negocios que se iniciaron? Quedan solo las deudas de los crédulos, ingenuos e inocentes; la Ostra japonesa, años y años y no arranca, si el apoyo de los japoneses se retirara mañana, mañana desaparece el proyecto; el turismo en la isla de Meanguera, la cooperación española entregó un hostal completo, con la vajilla servida, hoy solo queda un poco de la estructura, hasta los excusados se llevaron; la ninfa de la laguna de Olomega, cuyas pencas se usarían para la fabricación de artesanías a mediana escala, solo queda una señora que fabrica artículos menores; el botadero de basura de la Asociación Intermunicipal del Golfo de Fonseca (ASIGOLFO), hasta la asociación dejó de existir; Guaymango, donde las gallinas del proyecto de creación de pequeños emprendedores avícolas ¡se las comieron los emprendedores!; las cooperativas de cocos –Isla Espíritu Santo; el muelle artesanal de La Unión; el proyecto turístico de Jiquilisco; cooperativas de pescadores–, Puerto El Triunfo; turismo en Jiquilisco, entre tantos fracasos, definitivamente muy numerosos para describirlos aquí, ¿y qué de los grandes planes?

La Comisión Nacional de Desarrollo (CND) y su despegue de la región oriental se quedó en el tintero; el Programa Presidencial de Territorios de Progreso (PPTP) de la administración Funes, el cual solo se puede describir como un vil engaño al pueblo salvadoreño.

La situación socioeconómica de la región oriental es precaria. Los problemas que agobian a la región se agudizan cada vez más, en el mejor de los casos los principales índices socioeconómicos no se deterioran pero tampoco existe una mejora significativa de estos. El ingreso per cápita mensual de la región incrementó de $100.84 en 2009 a $122.27 en 2013, un aumento del 21.3 %. Sin embargo, parte del aumento se debió a la remesa, que en 2009 representó un promedio de $41.25 per cápita vs. $48.50 en 2013. La tasa de analfabetismo en 2013 oscila entre el mínimo de 15.46 % en Usulután al máximo de 21.56 % en La Unión. El porcentaje de la población con seis años o más de educación formal es solo de un alarmante 19.6 %.

La interrogante clave es por qué las iniciativas de desarrollo regional no producen los resultados esperados en términos de crecimiento económico sostenible y duradero. Las iniciativas se quedan en la etapa de planificación y no se ejecutan; o se comienzan y son abandonadas a media ejecución; o se completan y el impacto es nulo. Las iniciativas que se ejecutan no echan raíces, por lo tanto el efecto es temporero, y en poco tiempo desaparecen. ¿Qué tenemos que hacer para que las iniciativas echen raíces?
 

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  • desarrollo
  • FOMILENIO I
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