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Desde cualquier ángulo que se miren las cosas, lo que el país necesita son reciclajes inspiradores e impulsores

No hay, pues, que ir a buscar espejos en ninguna parte; aquí adentro tenemos todas las imágenes que pueden y deben servirnos para darle vida al esfuerzo de reanimación y de reafirmación que necesita nuestro presente en función de nuestro futuro.
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Desde cualquier ángulo que se miren las cosas, lo que el país necesita son reciclajes inspiradores e impulsores

Desde cualquier ángulo que se miren las cosas, lo que el país necesita son reciclajes inspiradores e impulsores

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En todo tiempo y en todo lugar lo que la realidad demanda constantemente es que los humanos la miremos a los ojos, para ir descubriendo en esa mirada directa y sucesiva las claves del entendimiento de los problemas, de sus tratamientos apropiados y de sus soluciones factibles. Las sociedades que han logrado salir verdaderamente adelante son aquellas que han podido ir haciendo esa tarea esclarecedora y habilitadora de manera oportuna y consistente. En cambio, aquellas sociedades que se anclan en el descuido y en la irresponsabilidad se ven expuestas a cada paso a caer en todas las distorsiones imaginables. Desafortunadamente, este es el caso de El Salvador a lo largo del tiempo.

Estamos hoy en un momento de grandes vicisitudes que resume de manera traumática las consecuencias de haber ido dejando que los problemas se estanquen en la inacción, que sus tratamientos eficaces brillen por su ausencia y que las soluciones esperables vayan pareciendo cada vez más lejanas. Lo peor de todo es que lo anterior se fue viendo como si fuera lo natural, sin que se activara ningún tipo de reacción significativa para hacer girar las cosas hacia lo que siempre debió ser. Y aquí hay que señalar de manera clara y directa que en esta falla histórica todos los salvadoreños hemos tenido nuestra parte de responsabilidad, y de manera más relevante por supuesto los liderazgos nacionales sin excepción, ya que cuando se trata de una sociedad como la nuestra, en la que la participación ciudadana ha sido por tradición tan poco significativa en el manejo de los asuntos públicos, lo que piensan y hacen “los de arriba” tiene un peso irresistible.

Cuando hablamos de reciclajes inspiradores e impulsores a lo que nos referimos es a un cambio básico de visión sobre el país, sobre sus posibilidades y sobre su destino. Todas estas cuestiones, que evidentemente son vitales para que la nación y la sociedad puedan funcionar como tales en el pleno sentido que dichos términos contienen, han venido estando cada vez más ausentes del diario vivir nacional, como si el país fuera un ente que carece de conciencia propia y, por ende, de identidad que merezca desarrollo constante. Este mecanicismo artificial ha ido haciendo que parezcamos una especie de zombie histórico, lo cual es algo absolutamente incompatible con un verdadero ejercicio de realidad, que es lo que las circunstancias nos demandan con múltiples posibilidades de hacer historia reproduciendo la ejemplaridad que ya los salvadoreños demostramos al enfrentarnos a pruebas de altísima intensidad y de extraordinarios riesgos.

No hay, pues, que ir a buscar espejos en ninguna parte; aquí adentro tenemos todas las imágenes que pueden y deben servirnos para darle vida al esfuerzo de reanimación y de reafirmación que necesita nuestro presente en función de nuestro futuro. Es vital que, como conglomerado que tiene desafíos irrenunciablemente comunes, dejemos de seguir repitiendo los clisés divisivos que le sirvieron de argumento mayor al conflicto bélico, que es el máximo traumatismo que puede sufrir cualquier sociedad. Y a esto habría que agregar que ya no es sostenible de ninguna manera la vieja tentación de irlo dejando todo para después, porque eso lo que acarrea es la imprevisibilidad más perversa; y ejemplos deplorables y perniciosos que lo comprueban los tenemos a granel en el ambiente, y no sólo en lo político, sino, más al fondo, en lo socioeconómico, en lo cultural y en lo estructural.

Hay variados “tanques de pensamiento” y múltiples organizaciones sectoriales y plurisectoriales que se mueven en los diversos espacios de la llamada sociedad civil de los que tendrían que surgir las iniciativas para impulsar los reciclajes nacionales impostergables. Cada quien en lo suyo, todos tendrían que converger en la zona crítica de las valoraciones y las proposiciones destinadas a construir ese proyecto de nación del que reiteradamente se viene hablando sin pasar nunca de las palabras a los hechos. Y sin que tal labor comience a concretarse de manera visible y convincente nada de lo que ahora tenemos –que es insuficiente e inconexo– podrá activar la regeneración de visiones y de proyecciones que ya no admite retrasos ni evasivas de ninguna índole.

A unas cuantas semanas de llegar a la fecha en que se conmemorará el primer cuarto de siglo desde que se concluyó la guerra interna por la vía del acuerdo político, todos los signos del tiempo hacen coro para reivindicar la necesidad de entrar en una nueva fase de actitudes y de comportamientos debidamente reciclados. En esto las ideologías no cuentan y los intereses no valen: es la realidad la que se impone, cada vez con más apremio irresistible.

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