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Desencanto y búsqueda de líder

En caso de no romperse ese círculo vicioso de inestabilidad financiera, bajo crecimiento y corrupción política, jamás se podrá aspirar a un clima de paz y seguridad ciudadana.
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Decano de la Facultad de Maestrías UTECLa historia del país registra un proceso más de elecciones. ¿Quién ganó o quien perdió? La historia revelará la verdad y ojalá que por primera vez sea el pueblo. Esa parte del conglomerado que labora, que genera valor, que tributa y que elige, tiene derecho a aspirar a una mejor calidad de vida. También se merecen bienestar esos que claman vivir en paz y solo quieren ser beneficiarios accidentales de una gestión gubernamental exitosa sin esforzarse individualmente. Todos son integrantes de una sociedad con una pasividad pasmosa, que no decide; más bien cede autoridad, es contemplativa y padece de auto conmiseración colectiva.

Transcurrió otra semana de vacación, pletórica de tradiciones, de liberación y muy reveladora de consumismo en masa y de subdesarrollo cultural. País que año con año hace lo mismo (tradición y consumo semanal anormal). Lo mismo del año pasado decía un ciudadano ebrio el Jueves Santo en las afueras de una iglesia típica de pueblo.

La sociedad salvadoreña no se reinventa, sigue con las mismas costumbres y con procesos electorales viciados, cuestionados e impugnados. Nuevos rostros en el poder legislativo generan un hálito de esperanza para aquellos que ejercieron el derecho de voto y que confían en el potencial y natural buen uso del poder de los nuevos políticos.

“Se vale soñar”. El desencanto de otro proceso electoral se disipará y una generación de políticos honestos permitirá que la fuerza laboral e inversión se traduzcan en una función productiva capaz de generar más ingreso; y con efectivos mecanismos redistribuidores dar paso a una reducción efectiva de la pobreza, una mayor capacidad adquisitiva, mayor inversión y un bienestar colectivo.

Solo de esa manera se concibe a una sociedad en paz y con futuro. Un país con credibilidad para las calificadoras de riesgo y la comunidad financiera internacional será aquel que mantenga un crecimiento sostenido de su producto real, capaz de reflejar un ambiente propicio para la inversión y unas finanzas públicas idealmente en equilibrio. Solo con la existencia real de fuentes de empleo y un ambiente atractivo para la inversión se puede aspirar a un clima de estabilidad social y política.

En caso de no romperse ese círculo vicioso de inestabilidad financiera, bajo crecimiento y corrupción política, jamás se podrá aspirar a un clima de paz y seguridad ciudadana. Viene otro período preeleccionario y el país tiene que reflejar a corto plazo un ambiente sostenido de acuerdos políticos sustanciales y de credibilidad externa. Solo entonces y solo entonces, este país saldrá de esa trampa de subdesarrollo integral. Ese líder que se busca no es otra cosa que: la potencialidad, la buena voluntad y la aspiración natural de una sociedad.

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