Desencuentros perturbadores ( y II)

Vivencias y filtros que desaparecen. Existe la creencia de que ser director de una entidad autónoma es sinónimo de privilegios, aunque sin duda hay quienes aceptan esos cargos para aprovecharlos en beneficio personal u otros intereses.
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Alrededor de este tema han surgido diversas opiniones a raíz de la decisión presidencial de modificar las leyes de 19 de ellas, para cambiar la forma de elegir a los representantes del sector empresarial. Los argumentos son del dominio público, por lo que no vale la pena repetirlos en este espacio.

Sin embargo –y aunque tampoco se trata de hacer una apología del papel que han jugado los representantes del sector empresarial en los cuerpos directivos de dichas entidades– creo honestamente que algunas críticas han sido exageradas, especialmente cuando se les endilgan conductas impropias y particularmente cuando se les vincula con sonados actos de corrupción. Se ha traído a cuento, por ejemplo, el emblemático caso del ISSS, cuando fue precisamente el comité ejecutivo de ANEP el que le proporcionó al presidente Cristiani pruebas de los malos manejos en la institución, que condujeron a la destitución del funcionario señalado como principal responsable de estos. De esa entidad también fueron sucesivamente relevados por la cúpula empresarial directores mencionados por su participación en actos arbitrarios, aunque para decirlo con toda honestidad, los señalamientos nunca fueron probados de manera contundente. En el lado opuesto, quien escribe, que eventualmente formó parte del consejo directivo de dicha institución, se vio compelido a renunciar voluntariamente, cuando constató las irregularidades cometidas en la reconstrucción de un edificio destruido por el terremoto de 1986. El tiempo me dio la razón, pues el costo pasó de un estimado inicial de 28 millones a 144 millones de colones y la obra no fue inaugurada sino hasta 10 años después de iniciada.

Podría mencionar otros casos en los que puedo afirmar que el filtro de la empresa privada ha sido crucial para evitar daños patrimoniales importantes a las instituciones, algunas veces resistiendo incluso la presión de personajes vinculados con una determinada actividad privada. En un caso específico, nuestra posición implicó “desafiar” hasta al mismo consejo de ministros, algo que solo pudo hacerse con el respaldo inc0ndicional de la junta directiva de la ANEP.

Pero como dicen por allí, los ejemplos son malos y hablar de uno mismo, especialmente cuando se trata de cuestiones éticas, puede resultar chocante y hasta odioso para muchas personas. Si he mencionado algunos casos personales, es en respuesta al desafío respetuoso que me hizo un dilecto amigo, para que compartiera algunas experiencias durante mi paso por ANEP y no se quedaran en la instancia formal que conformamos un grupo de amigos, donde recientemente discutimos con alguna extensión las implicaciones que puede tener el creciente distanciamiento entre el Gobierno y las gremiales empresariales, aunque el presidente Funes mas bien habla de diferencias con algunos dirigentes.

Pero si la experiencia personal tiene algún mérito, creo que con la decisión presidencial al principio aludida, se han perdido filtros valiosos que más temprano que tarde se echarán de menos. El que de aquí en adelante sea el presidente de la República quien seleccione finalmente a las personas que representarán a los empresarios en las autónomas –si es que estos deciden presentar candidatos– rompe definitivamente el vínculo con el sector. En el extremo, ello puede dar paso a lealtades indeseadas, porque pueden comprometer los intereses institucionales y sociales. Incluso, razonar un voto puede resultar en el futuro comprometedor.

Finalmente, hay que decir que no todos ven el puesto de director en una autónoma como una ganga. En estos tiempos, hay que actuar con pies de plomo, pues como me decía un amigo, un nuevo director puede ser víctima inocente de la corrupción, con solo haber estampado su firma en el acuerdo de nombramiento. Esto, simplemente por la cultura de opacidad que prevalece en muchas entidades públicas.

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