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Despacio que hay prisa

Retórica, improvisación y cortoplacismo han caracterizado a los gobernantes en El Salvador desde hace décadas: reformistas 1979-1989, neoliberales 1989-2009 y neoestatistas 2009-a la fecha. Esta forma de gobernar ha producido resultados adversos (inseguridad, desconfianza e incertidumbre) y contribuido a generar una masiva emigración. El 33 % de compatriotas vive en el exterior. Es decir, El Salvador se ha convertido en expulsor de población y experimenta una profunda transformación familiar, demográfica y cultural.
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El contexto externo e interno es desfavorable. Por una parte, ha iniciado una era nacionalista, antiinmigrante y populista a escala mundial. Esta tendencia hace prever más restricciones para emigrar y recibir remesas, así como un incremento en las deportaciones de EUA. Por otra parte, la sociedad salvadoreña sigue desangrándose, desintegrándose y polarizándose.

Este complejo panorama debería hacer que gobernantes y gobernados pusieran los pies en la tierra. Eso significa, entre otras cosas, asumir las siguientes dos condiciones: (i) El Salvador no tiene solución sin sanear las finanzas públicas y sin que su economía crezca anualmente arriba del 3 %, y (ii) la represión es necesaria (aplicación de la ley por las instancias correspondientes), pero no es suficiente para derrotar la violencia delincuencial.

Así las cosas, las preguntas son: ¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo? El reto es triple: (1) dar respuesta a estas dos interrogantes en medio de un intenso período electoral 2017-2019, (2) lograr que los acuerdos de nación sean bien elaborados (despacio y con buena letra), y (3) generar el respaldo social requerido para ponerlos en marcha. A continuación se plantean cuatro tareas básicas para lograr un nuevo pacto. Una vez se efectúen estas tareas, la ONU podría integrar los preacuerdos en un solo documento, para luego oficializarlo y difundirlo

Tarea 1. Presidencia de la República, Asamblea Legislativa, Ministerio Público y universidades acreditadas elaboran un plan. Un primer objetivo sería profesionalizar las instituciones públicas (lucha contra la corrupción e impunidad), y un segundo objetivo sería despolarizar la sociedad salvadoreña (cultura de paz basada en la tolerancia, la participación y el diálogo). Podría depositarse en la ONU en septiembre de 2017.

Tarea 2. Secretaría Técnica de la Presidencia, Comisión Legislativa de Asuntos Municipales, COMURES y universidades acreditadas elaboran una propuesta para proscribir el centralismo e impulsar la localización. Podría presentársele a la ONU en septiembre de 2017.

Tarea 3. Gabinete económico, ANEP y sindicatos elaboran una estrategia para atraer inversiones y generar empleos productivos. Podría entregársele a la ONU en octubre de 2017.

Tarea 4. Sociedad civil y círculo académico crean un mecanismo de consulta en los catorce departamentos y con la comunidad salvadoreña en el exterior. La misión sería elaborar una hoja de ruta para rescatar la escuela pública, incluir a jóvenes vulnerables y regenerar el tejido social local. Podría exponérsele a la ONU en octubre de 2017.

Conclusión: El Salvador debería abandonar la polarización y tomar la vía del diálogo colaborativo. ¿Cómo? Haciendo que las ofertas electorales giraran alrededor de los acuerdos de nación. En tal sentido, el éxito de la facilitación de la ONU se comprobaría, por ejemplo, con el nombramiento –por parte de la próxima legislatura– de la nueva Sala de lo Constitucional (independiente, honesta y capaz) y la aprobación legislativa –en agosto de 2018– de un presupuesto plurianual para cumplir y viabilizar los acuerdos suscritos.

Tags:

  • retorica
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  • migracion
  • eua
  • desconfianza

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