Lo más visto

Más de Opinión

Después de la reforma de pensiones

Colaborador de LA PRENSA GRÁFICALa reforma de pensiones se aprobó casi con consenso absoluto, excepto por 3 abstenciones, después de que los partidos se encerraron a discutir y negociarla apresuradamente.

Enlace copiado
Enlace copiado

Del acuerdo de reforma valoro altamente que mantendrá la propiedad individual de los ahorros de los cotizantes y que es posible, en circunstancias límites, a pesar de la polarización, lograr acuerdos políticos.

Poco se ha hablado de la sostenibilidad financiera de la reforma que se aprobó, solamente se ha dicho que no es la mejor reforma pero que es un primer buen paso. A la espera que se haga un estudio actuarial objetivo, a primera vista tengo dudas razonables sobre su sostenibilidad financiera. El hecho que todos salgan ganando sin haber tomado medidas estructurales para cambiar parámetros como los años de jubilación o el tamaño de los beneficios hace preguntarme quién pagará el almuerzo y pensar que si nadie lo hará, lo que se ha logrado es trasladar el problema para más adelante.

Hay que hacer rápidamente un cálculo actuarial al respecto, entiendo que tal tarea está proyectada. Ojalá que esta percepción mía esté equivocada y que el resultado actuarial sea que la reforma es financieramente sostenible.

Después de la reforma deberíamos visualizar los restantes problemas económicos: la insostenibilidad de la política fiscal y el crecimiento y empleo.

Sería un error que perdamos de vista la necesidad de resolver el problema fiscal y que caigamos en la idea que como ya se alivianaron las presiones financieras de corto plazo para el gobierno con la reforma de pensiones, continuemos ampliando los gastos.

En cuanto a la insostenibilidad fiscal, muchos han señalado un camino de ajuste fiscal. En primer lugar se sabe que es necesario un ajuste que reduzca el déficit en 3 puntos porcentuales del producto del país en 3 años. Se ha propuesto repartir el ajuste en mitad de aumento de ingresos para el gobierno y mitad de reducción de gastos. No obstante, pienso que es poco probable adoptar un ajuste fiscal en época eleccionaria. El tamaño del ajuste y su distribución en el tiempo, me parece, que debería volver a evaluarse a la luz de la reciente reforma de pensiones.

En segundo lugar, se ha sugerido que dado que en este momento nadie sabe quién será el partido gobernante a partir de 2019, el cual tendrá que enfrentar el pago de los más de mil millones de ese año, bien le haría a ambos partidos tener asegurado esos recursos autorizándolos desde ahora.

Pero hay que pensar en el crecimiento económico y el empleo. Además de su efecto en el empleo, el débil crecimiento de casi dos décadas se encuentra en la base de los problemas financieros que se tienen. Entre menos se crece, menos ingresos llegan al gobierno, más deuda nacional e internacional hay que adquirir y más subsidios los gobiernos se ven presionados a erogar.

Debemos pensar con mente abierta cuáles son las limitaciones estructurales al crecimiento y cuáles las de la incertidumbre que afectan la inversión, la atracción de inversión extranjera y la competitividad.

Ciertamente el entorno eleccionario limita lo que se puede hacer, pero hay que insistir en que no hay por qué fallar financieramente y en que se pueden superar nuestras limitaciones económicas y sociales.

Lee también

Comentarios