Lo más visto

Después de tantos trastornos de coyuntura se impone dedicarse más a lo estructural

El tema estructural, en cualquiera de sus dimensiones, exige planteamientos que respondan a lo que el país necesita para ser seguro, estable y con ruta hacia adelante. Dicho tema hay que tratarlo sin prejuicios ni ficciones, sino en todo caso dentro de un realismo a la vez pragmático y visionario.
Enlace copiado
Enlace copiado

El panorama que se nos presenta a los salvadoreños por efecto inmediato del estado en que se encuentran los problemas fundamentales que el país afronta, y que han permanecido sin soluciones efectivas por tan largo tiempo, es crítico en muchos sentidos, y el principal de ellos lo constituye la falta de atención institucional a las diversas cuestiones estructurales que se hallan en la base de todo lo demás. Habría que aclarar de entrada que dichas cuestiones son inherentes al movimiento evolutivo del proceso en el que vamos avanzando pese a todo, y por ende no pueden quedar al arbitrio de las posiciones de partido o de sector, según ha sido la tendencia preponderante desde siempre.

Los problemas más acuciantes, como son la inseguridad descontrolada que proviene del auge expansivo del crimen organizado y la falta de un crecimiento económico que sea capaz de responder a las necesidades de progreso que proliferan en el cuerpo social, provocan tantos apremios y ansiedades en el día a día que prácticamente toda la atención institucional y social se concentra en lo cotidiano, por impulso del cúmulo de demandas y reclamos que la ciudadanía manifiesta por todos los medios a su alcance.

Al revisar los mensajes que la insatisfacción ciudadana da a conocer constantemente, no puede haber ya ninguna duda de que todas las acciones institucionales que vienen dándose, más por reacción mecánica que por análisis de lo que ocurre en los hechos, son insuficientes para hacerle sentir a la ciudadanía que sus inquietudes, sus desalientos y sus ansiedades tienen respuestas que no sólo merezcan el nombre de tales sino que sean congruentes con lo que exige el desenvolvimiento del fenómeno real.

La dinámica de los tiempos nos pone a cada instante frente a la exigencia de darle tratamientos y respuestas a la problemática estructural que nos aqueja desde siempre, y que ha venido quedando paralizada por la ideologización extrema que se ha apoderado de ella. Es en la izquierda donde ese fenómeno aparece con mayor evidencia, porque ahí desde siempre se ha postulado el cambio de sistema, que se alzó como la bandera principal del pensamiento marxista-leninista, y que ya es un fantasma de otro tiempo, aunque muchos no lo quieran ver así.

El tema estructural, en cualquiera de sus dimensiones, exige planteamientos que respondan a lo que el país necesita para ser seguro, estable y con ruta hacia adelante. Dicho tema hay que tratarlo sin prejuicios ni ficciones, sino en todo caso dentro de un realismo a la vez pragmático y visionario. En esa perspectiva es determinante la elaboración de un plan que no sea como los variopintos programas de coyuntura sino que reúna de manera ordenada e integrada los elementos de un auténtico desarrollo que pueda ser progresista sin demagogia ni ocurrencias de ocasión, como ha sido tan común.

Al estar por abrirse un nuevo período presidencial es más que conveniente promover el ejercicio de una dinámica de cambio que resulte a la vez sensata y constructiva, con bases que la hagan prosperar.

Lee también

Comentarios