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Después del 1/junio/2019

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El Salvador está en una etapa decisiva de su vida institucional y democrática. ¿Por qué? Debido a que la corrupción denunciada y comprobada indica que es un mal generalizado. Tan grave es la situación que los dirigentes y partidos políticos no logran superar la crisis de credibilidad por la cual atraviesan y la ciudadanía está cada día más decepcionada y molesta. Semejante situación hace suponer que muchas emociones y razones influirán en el voto 2019, por lo que los candidatos presidenciales deberían dar a conocer oportunamente su plan y gabinete de gobierno.

En este contexto y teniendo en cuenta los resultados de los gobiernos de turno en las últimas décadas, es oportuno destacar la diferencia entre lo que dice el candidato y lo que hace el presidente. Los hechos indican que los candidatos plantearon la descentralización y los presidentes abrazaron el centralismo al llegar al poder. La lección aprendida es que conviene dudar de las palabras de los candidatos y ver más allá del día de las elecciones.

El quinquenio 2019-2024 estará marcado por el tema migratorio, la geopolítica y la lucha contra la corrupción y el crimen. Esta tendencia y la crisis múltiple que vive el país deberían conducir a que los gobernantes abandonaran el cortoplacismo y la demagogia. Dentro de esa lógica, se plantean cinco pasos para construir un país donde sus habitantes puedan convivir y progresar.

Paso 1. Potenciar las iniciativas locales que existen en los 14 departamentos. El reto es que la sociedad salvadoreña valore lo que tiene y se apropie de las buenas prácticas para (1) regenerar el tejido social, (2) propiciar la sana convivencia y (3) expandir la cooperación pública-privada.

Paso 2. Empoderar a jóvenes, ciudadanos y líderes comunitarios para fortificar el sentido de pertenencia y desarrollar sus capacidades productivas. Es irresponsable transmitir la idea-fuerza que "papá gobierno" le resolverá los problemas cotidianos a la población.

Paso 3. Construir una agenda nacional para los próximos veinte años, especificando las políticas, recursos y metas a alcanzar en (1) educación, (2) finanzas públicas, (3) empleo, (4) investigación, persecución y castigo del delito, y (5) agua, saneamiento y salud pública.

Paso 4. Reducir en un 30 % el número de instituciones del GOES en un plazo de dos años y asignar esos recursos al ramo de educación. El reto es que el GOES priorice y utilice el presupuesto general para lograr objetivos estratégicos y rendir cuentas.

Paso 5. Rescatar instituciones esenciales para el desarrollo humano y cultural tales como la escuela pública, las unidades de salud y la universidad nacional. Conviene analizar objetivamente su situación, fortalecer sus capacidades y evaluar su desempeño.

Conclusión: El Salvador demanda ciudadanos juiciosos que vean más allá de los discursos y promesas electoreras. La pregunta no es quién será el próximo presidente, el punto medular es qué hará el próximo GOES a partir del 1/junio/2019 (fecha de toma de posesión presidencial). Consiguientemente, los candidatos deberían explicar (1) cómo van a deshacer el "nudo ciego" (polarización) que tiene estancado al país y (2) cómo cumplirán las metas de sus propuestas sin subir los impuestos y sin aumentar los gastos públicos.

Tags:

  • corrupción
  • credibilidad
  • candidatos
  • demagogia
  • ciudadanos
  • polarización

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