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Detrás de las cifras

Cifras van... cifras vienen, sin la convicción de lo que representan tenga la exactitud esperada. Abordaremos ciertos temas, a los cuales les objetamos las estadísticas que marcan su actividad. La seguridad es nuestro inicial abordaje.
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Nunca hemos compartido el juego de cifras sobre los niveles de delincuencia –antes y después– que barajan las autoridades respectivas, en cada declaración, obviando el temor que vive la población en todo el país y la oculta y escalofriante verdad de las víctimas que yacen en los cementerios clandestinos.

Otro tema, en el cual las cifras no reflejan en su exacta dimensión el problema, constituye el caso de las extorsiones. Están a la orden del día y se mueven en las sombras; mal que debe ser combatido con inteligencia y de oficio. Consecuencia de ello es la proliferación de las agencias de seguridad. A propósito, ¿cuántas funcionan en El Salvador y cuál es el número de sus miembros? Suponemos que este ejército “extra” supera a los elementos de la Policía Nacional Civil. Lamentable es que estas entidades no sean controladas debidamente, en cuanto a armamento, prestaciones, horarios y seguros de vida.

En el mes del adulto mayor qué bonito sonaba a los oídos la lisonjera campaña sobre su valiosa contribución a la patria y el aporte dado en sus mejores años a la fuerza laboral. Una buena forma de homenajearlos sería mejorar su condición de vida, con efecto permanente, no transitorio, comenzando por una revisión –como lo determina la ley– al monto de las pensiones, aunque es mínima la población con esta cobertura. Quedó en el olvido la obligación de evaluarlas periódicamente, considerando el costo de la canasta básica, la inflación y los incrementos, muchas veces politizados, del salario mínimo. Los pensionados solo observan los beneficios aprobados en muchos sectores, sin que se considere su precaria salud por la edad y, en muchos casos, ser el sostén de su grupo familiar. FUSATE tiene que manifestar una política más propositiva y ejercer presión en el seno legislativo para favorecerlos. Urge establecer una pensión mínima, decorosa, acorde a la situación del país, porque de momento los adultos mayores son meras cifras de un sector de la sociedad.

Pasando al terreno educativo, es criticable que se organicen rimbombantes eventos sobre un “buen vivir” y el aporte de tecnología, cuando las escuelas funcionan entre escombros y los maestros atraviesan penurias. Este menosprecio a la educación frena el futuro de las nuevas generaciones. Se subsanará cuando el gobierno siga los pasos de los países que destinan sustanciales presupuestos para tal rubro.

Un ejemplo de manipulación de cifras se da en el renglón empleos. Las fuentes se contradicen, pero la realidad y los hechos desvirtúan lo propagandístico.

Muchos funcionarios desvalorizan el esfuerzo empresarial, generador de impuestos, inversión y trabajo. El sector gubernamental, muy al contrario, despilfarra recursos, sepulta la meritocracia y hace engañosas apologías sobre excelencias de su gestión. Las expectativas de los jóvenes no se cumplen, porque no existen los espacios y las oportunidades para que comiencen a estructurar sus currículos. Podrían analizarse las pasantías y los aprendizajes no lucrativos, pero regulados, en oficinas en donde abundan los empleados “fósiles” y los activistas de partidos, mientras elementos capacitados aguardan por una ley administrativa que nunca se da.

En forma irónica pensamos que las estadísticas inexactas que proporcionan algunas instituciones del sector gubernamental parecen elaboradas en rudimentarios “ábacos”.

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