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Deuda impagable

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En el desarrollo institucional de una nación, el tiempo es invaluable. Pero los señores diputados, o más bien las cúpulas de los partidos, le arrebataron al país más de cuatro meses, al mantener a sus ciudadanos en un estado de virtual indefensión, a causa del abuso, la arbitrariedad, la soberbia y el cinismo. El descarrilamiento en que cayó la institucionalidad democrática, aunque temporal, proyectará enormes costos para el futuro, no importa que la designación de los señores magistrados de la CSJ se haya logrado por consenso. Y esto, porque esta decisión –tan esperada por toda la ciudadanía y tan juiciosamente demandada por la sociedad civil organizada– implicó una violación infame de la Carta Magna y una erosión sensible del proceso democratizador, apuntalado por los Acuerdos de Paz.

Ciertamente los salvadoreños nos caracterizamos por tener una memoria muy liviana y seguramente conforme pase el tiempo, muchos recordarán aquello como un simple ejercicio de aprendizaje de esos que abundan en las democracias incipientes, por no decir bucólicas. Pero la historia también se nutre –y muy sensiblemente por cierto– de eventos que por su origen e intenciones dejan heridas muy profundas en el imaginario colectivo. Y el que hemos presenciado con el comportamiento torcido y antidemocrático de parte de quienes transitoriamente detentan el poder es uno de ellos; tanto más notorio porque su misma gravedad puede ser invocada como precedente para que otros peores se vuelquen contra el sistema. Solo una lucha vigorosa como la que en este caso libraron instancias de la sociedad civil puede evitar males mayores, aunque la amenaza velada contra las mismas de parte de individuos sin las mínimas credenciales éticas y morales ya supone en sí un enorme desafío.

El problema para los que estuvieron involucrados en toda esta trama es que fue el tiempo mismo el que se encargó de abrirle los ojos al colectivo y de darle a la sociedad civil argumentos cada vez más que contundentes para poner totalmente al desnudo sus intenciones aviesas. Hoy no queda una sombra de duda de que el brutal, descarado y prolongado forcejeo no tenía otro propósito que manipular la institucionalidad para seguir tapando la cloaca hedionda de la corrupción. Dar un salto hacia atrás para tratar de desdibujar el papel de la Sala anterior era parte integrante del juego.

Con todo, a estas alturas sería caer también en una irresponsabilidad grotesca prejuzgar el comportamiento de los cuatro nuevos magistrados de la SC. Pero nadie debería tolerar que se eche por la borda lo positivo que nos dejaron sus antecesores, mediante una gestión caracterizada por la independencia, la solvencia moral y el compromiso con el control constitucional. Esto significa para los nuevos funcionarios consolidar la línea jurisprudencial heredada. Pero tampoco se puede pecar de ingenuo e ignorar que siempre están en el tinglado político aquellos que se mantuvieron por más de cuatro meses saboteando un proceso marcado por el cinismo, los intereses creados y el contubernio contra los intereses nacionales.

Pero superado este espinoso episodio, otras faenas están en lista de espera. Si fuera posible valorar y poner en perspectiva lo que ha perdido el país por la ceguera y la ambición de unos pocos, nuestros dirigentes deberían actuar con altura de miras en la elección del fiscal general y en la aprobación del Presupuesto General de Nación para el próximo año. Esto supone una reinterpretación de la versión maquiavélica de que "el fin justifica los medios". No incurran en otra deuda impagable.

Tags:

  • diputados
  • magistrados de la CSJ
  • sociedad civil
  • Presupuesto General de la Nación

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