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Día Internacional de la Juventud: optimistas por obligación

De cada generación, un país espera muchas cosas. A los jóvenes salvadoreños y de todo el mundo les corresponde formarse para cumplir sus propias expectativas y aportar al desarrollo de su sociedad. Pero las transformaciones y los retos son efímeros en el momento cambiante de la historia; el 75 % de las profesiones del futuro no existen todavía, según el Foro Económico Mundial. Claramente, con la llegada de la 4.ª revolución industrial, el conocimiento, la comunicación e innovación se tornan recursos difusos. Todo sucede rápido.
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La juventud es promesa para la política y es vanguardia para la cultura. Nada sucede por casualidad, ni las tragedias institucionales, mucho menos las disyuntivas cognoscitivas. La desarticulación social es producto de la falta de empeño de nuestra sociedad para asegurar expectativas personales, oportunidades sociales y condiciones institucionales que hagan que el país avance hacia el desarrollo.

La ONU ha denominado al Día Internacional de la Juventud 2017, el 12 de agosto, con el lema “Juventud que construye la paz”. ¿De qué paz se debería hablar en El Salvador? Juan, un joven que reside en Soyapango, traduciría este lema aduciendo que en el país los jóvenes construyen ese anhelo desde la condición de ausencia de guerra; o diría que hace falta una segunda generación de acuerdos que aseguren condiciones sociales para construir la paz social.

Todo está conectado: una actitud, un sueño, un proyecto, un país. Ana, quien reside en California, es parte de la diáspora, a lo mejor tiene un enfoque anecdótico y nostálgico. Ella podría decirnos que ausencia de paz significa distancia, renuncia de oportunidades o que es un sinónimo de “huir”.

Somos salvadoreños, siempre procuramos sostener esa posibilidad valiente de juzgar las cosas en su aspecto más positivo y más favorable; manifestamos la alegría en la manera de hablar y de actuar. De las infinitas opciones que nos da el día a día, siempre elegimos ver el vaso medio lleno.

Pero vivimos 1,000 vorágines, las hay personales y también colectivas. La penuria más significativa en nuestra sociedad es la polarización, sí, esa palabra que se escucha en los medios pero cuya conexión entre la agenda política y la realidad social aún no identificamos. Mientras en este país no nos miremos en el otro, y en cuanto no pongamos las ideologías en el lugar filosófico que corresponde, no vamos a construir paz.

Extrapolar en el espejo de la realidad de otras latitudes, como Venezuela o Estados Unidos, no va a servir de nada si no hay una profunda reflexión sobre la consecuencia de la distancia entre los mismos salvadoreños; aquí igual se polemiza el metrobús, sobre Venezuela, o la financiación del TSE.

Paz son acuerdos y significa entendimiento. Convivencia no es esconder nuestras diferencias, no. Convivir significa reforzar nuestras coincidencias, cohesionar nuestras perspectivas, es al final de cuentas dibujar una ruta conjunta con valentía, en donde el principal convenio sea entendernos en los problemas y las alegrías del que no piensa como nosotros.

El Día de la Juventud no es una celebración, es un recordatorio permanente sobre el papel determinante de las nuevas generaciones como actores de cambio y motores de las transformaciones que le esperan a El Salvador del futuro. También significa un llamado a los tomadores de decisión para que pongan a los jóvenes como protagonistas del diálogo, el entendimiento y las piezas ejemplares de la convivencia.
 

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