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Día Internacional de la Mujer: Compromisos de nación

El reconocimiento de los derechos de las mujeres por parte del Estado salvadoreño contenido en la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia y la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres (LIE), aprobadas en 2010 y 2011, respectivamente, constituye un gran hito producto de la lucha del movimiento feminista salvadoreño en el camino hacia lo que Marcela Lagarde denomina “democracia genérica”, después de la consecución del voto femenino, en 1950.

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Con esta nueva legislación se reconoce que las mujeres no estamos viviendo nuestra ciudadanía plenamente y se logra establecer como delitos las múltiples violencias que las mujeres enfrentamos en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. Además, el Estado salvadoreño asume la responsabilidad de desmontar las prácticas patriarcales en las instituciones y subvertir las condiciones de desigualdad genérica.

La LIE es clave en este proceso porque impulsa la “transversalización” de la igualdad de género en las instituciones, a través de la ejecución de planes institucionales y presupuestos con enfoque de género, generación de estadísticas desagregadas por sexo, que nos permitan hacer diagnósticos y evaluar avances así como el funcionamiento de un sistema nacional de coordinación y seguimiento. Esta ley reconoce muchas de las realidades en las que estamos a la zaga: contempla la reducción de las brechas salariales, promueve la atención integral a las adultas mayores, da lineamientos específicos respecto a la educación, acceso a la propiedad, entre otros.

Nuestro país tiene grandes desigualdades genéricas. Comenzando por la estructura económica: las mujeres tenemos mayores tasas de subempleo e informalidad y menores tasas de inserción en empleos permanentes según la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (ORMUSA). Los roles de género culturalmente asignados limitan nuestras posibilidades de desarrollo: un 68.73 % de las mujeres inactivas económicamente no buscan trabajo porque realizan quehaceres domésticos; en cuanto a la asistencia escolar, el 99 % de las personas que no asisten a clases por este motivo son niñas y mujeres. Entre los jóvenes que ni estudian ni trabajan, las mujeres son la mayoría, el 37.7 %, según la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples de la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC), en 2016. El porcentaje de embarazos en niñas y adolescentes es del 30 % del total de embarazos según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, en 2017.

Transformar estas realidades es para cualquier gobierno un difícil reto, si se sigue pensando en las mujeres en los términos subsidiarios en que siempre se ha hecho, como un tema específico de la administración pública. Toda la población, y especialmente el funcionariado público, deben tener claro que la aplicación de la LIE exige repensar la lógica y la estructura institucional en favor de trasformar estas estructuras de la desigualdad.

La humanidad de las mujeres empieza por nombrarlas mujeres jurídicamente; la demanda más emblemática de este reconocimiento data de la Ilustración, con la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana de Olympe de Gouges. Las salvadoreñas tenemos un útil instrumento a nuestro favor, pero a 6 años de la entrada en vigor de la LIE, debemos demandar a las personas tomadoras de decisiones mayores avances en su implementación.

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