Día de la Cero Discriminación

Más de 65 años después de que la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la discriminación es todavía una realidad.
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La discriminación en el trabajo, escuelas, sistema de salud y otros ámbitos afecta las capacidades y oportunidades de las personas para participar plenamente en su entorno, con un impacto devastador. Hoy, 1 de marzo, Día de la Cero Discriminación, es una oportunidad para reflexionar sobre nuestro deber individual de contribuir a una sociedad más inclusiva y justa.

América Latina y el Caribe se caracterizan por tener una epidemia de VIH concentrada en poblaciones clave, como son los hombres que tienen sexo con hombres, las mujeres transgénero, las trabajadoras sexuales y los usuarios de drogas. La vulnerabilidad al VIH, en especial en estas poblaciones, es en gran parte consecuencia de la discriminación que actúa como una barrera para el acceso a los servicios de prevención y tratamiento.

Imaginemos a una joven, recién diagnosticada con el VIH, que es aconsejada por el personal de salud para que no tenga hijos, a pesar de que sabemos que, con tratamiento, una mujer embarazada puede dar a luz un hijo sin VIH; imaginemos a una trabajadora sexual enfrentándose al abuso de un trabajador de la salud; a un hombre gay que decide no acercarse a un centro de salud por temor a revelar su orientación sexual; o a un migrante a quien se le niega el acceso al tratamiento. Desafortunadamente estos casos ocurren todos los días.

La discriminación dentro de los centros de salud está directamente relacionada con la detección tardía del VIH y con la difícil retención en el sistema de salud y una pobre adherencia al tratamiento. Según un análisis regional basado en los índices de estigma y discriminación, en América Latina entre el 7 % y el 40 % de las personas viviendo con VIH evitan ir a un centro de salud cuando lo necesitan, por temor a ser discriminados.

Las políticas o leyes punitivas relacionadas con la orientación sexual, la identidad de género, el trabajo sexual y el consumo de drogas contribuyen a la discriminación, a la violencia y obstaculizan una respuesta al sida basada en los derechos humanos. En el Caribe anglosajón, por ejemplo, todavía 11 países criminalizan la homosexualidad en mayor o menor grado. En América Latina y el Caribe todavía las trabajadoras sexuales son detenidas de forma arbitraria y muchas veces agredidas.

La nueva estrategia de ONUSIDA, que toma como referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promueve el respeto universal de la dignidad humana y el Estado de derecho. Afirma que la promoción de los derechos humanos es un fin en sí mismo y es fundamental para alcanzar una respuesta al VIH efectiva y sostenible. Sin lograr la cero discriminación, será imposible llegar a cero nuevas infecciones por VIH y cero muertes por sida.

El año pasado, representantes de los gobiernos de América Latina y el Caribe acordaron un conjunto de metas sobre la cero discriminación para poner fin al sida para 2030. Determinaron trabajar en entornos legales favorables para las personas con o afectadas por el VIH. Recientemente los alcaldes de grandes ciudades, como Ciudad de México, Buenos Aires y Kingston, se comprometieron con la Declaración de París a poner a las personas al centro de todas sus acciones, no dejando a nadie atrás.

Se requiere ahora de un compromiso al más alto nivel con la colaboración de las comunidades, cuyas voces son fundamentales para avanzar en la justicia y la inclusión, para asegurar que el cumplimiento de estas metas se haga realidad.

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