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Día del Padre

Decía mi abuelita: “Tata puede ser cualquiera, nana solo hay una”... filosofía que encierra la verdad básica, universal de que la madre es el ser más parecido a Dios: ama, porque es capaz, literalmente, hasta de dar la vida por sus hijos... Dichosas aquellas madres que han tenido la bendición de un hogar estable, normal, donde procrear y forjar a sus hijos en compañía de la importante presencia física del esposo y padre.
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Lamentablemente, ese paradigma no es una constante en nuestro medio, y muchos nos hemos forjado no más a la sombra de esa gran mujer que la supo hacer de padre y de madre.

Pero, precisamente por ser “el padre” un ejemplar que generacionalmente ha presentado la tendencia a extinguirse, ese mismo hecho lo vuelve muy valioso cuando se le ubica, cuando se le vislumbra, tan bello, tan gallardo, con los pantalones bien puestos, con el coraje, el arrojo y la valentía de –¡casi nada!– ser “la cabeza del hogar”, título y compromiso otorgado desde siempre por el Creador.

Y cuando un hombre es observado y catalogado como “un excelente, un extraordinario padre”, es de aplaudirle porque para tener esa categoría, el hombre es maduro, consciente, moderado, ejemplar, responsable, comunicativo, respetuoso, buen escuchador y totalmente empático, entre otros atributos...

¡Eso y más es y debe ser un buen padre consanguíneo! Pero, para colmo de bendición y para que resuenen los mejores aplausos por toda la tierra y hasta en las constelaciones, van mis mejores felicitaciones y agradecimientos a aquellos hombres que sin ser padres biológicos se metieron en el corazón y en el espíritu a unos niños o niñas “ajenos” a su ADN, y los hicieron dueños de sus más hermosos sentimientos paternales; y les dieron nombre, techo, alimentación, estudios... Y cuando el niño se quedó dormido en el sofá, ese “papá” lo llevó en brazos hasta su camita; y cuando la niña estaba descubierta, con ternura y respeto la cobijó; y cuando esa niña creció, y el “papá” ya peinaba canas, él la llevó hasta el altar para entregarla en matrimonio, como el más abnegado de los padres; y orgullosamente les dice “mi hijo”, “mi hija”.

Muchas gracias, señores mal llamados “padrastros”, y señores padres adoptivos, porque fueron el más padre de los padres, fueron la representación de la divinidad en el hogar de esos niños que se forjaron a la sombra de ustedes, viéndose en su espejo en todo momento, y a fuerza, de tanto amor mutuo. Hasta han llegado a parecerse a ustedes.

Como vemos, el mundo no anda solo al revés, también hay gente buena y hermosa por dentro y por fuera, y ningún mejor ejemplar que un padre que lo ha sido tan solo mediante el vínculo del amor. Ante ustedes, mis respetos, mis bendiciones y creo que hasta el pobre padre biológico de esas criaturas se quita el sombrero ante ustedes, que fueron calor y luz en el andar de esos niños y niñas que han crecido seguros y felices, gracias a Dios, a la mamá que supo encontrar al compañero ideal y naturalmente, gracias a ustedes. ¡Muchas felicidades!

Tags:

  • padre
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