Dibujo posmoderno

Todo listo para la celebración nocturna. La medianoche se acerca y las palpitaciones se hacen sentir en el aire.
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Ahí, en esa ventana iluminada apenas, una figura está expectante de lo que pasa alrededor. Como si el ojo de una cámara se fuera acercando, va siendo posible descubrir que se trata de un hombre muy mayor, con aire de observador minucioso.

A lo lejos, en el cielo circundante, se perciben fosforescencias repentinas, tal si la fiesta ya hubiera comenzado.

El espectador inmóvil se distancia un poco del cristal, y entonces es posible advertir que el interior tiene toda la apariencia de una capilla de suburbio. De pronto, los destellos y los estruendos surgen por todas partes.

Alguna campana próxima lanza sus doce sonidos emblemáticos. El año ha muerto, ¡viva el año! La algarabía tiene todos los componentes de un jolgorio feliz. El personaje vuelve a acercarse a la ventana y ahora abre el cristal. Asoma. Respira a profundidad el aire contaminado de humanidad efervescente.

Luego, cierra el cristal y se aleja de la ventana, que se apaga de inmediato. Nos queda la sospecha de que el año estaba ahí, diciéndole adiós a su hospedaje fugaz.

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