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Diciembre en vivo

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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Estamos ya de nuevo en diciembre, el mes que despide al año con campanas y que recibe al año con celajes. Como simbolismos más entrañables, diciembre tiene dos fechas de gran poder inspirador: el 12 de diciembre es el Día de la Virgen de Guadalupe, con todo lo que eso significa para nuestra cultura religiosa; y el 25 de diciembre es la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Pero en un plano más cotidiano y personalizado, los días decembrinos son para nosotros, los habitantes de este trópico benigno, un manantial de reminiscencias, un surtidor de vivencias y un mosaico de experiencias. La reminiscencia más resplandeciente que me trae diciembre es la de las vacaciones de fin de año en la campiña acogedora: los amaneceres en las labores del establo, los mediodías por las rutas polvorientas, los ocasos en compañía de las canciones del recuerdo.

Entre las vivencias, la que más me conmueve es la cena navideña, hoy y siempre con iluminación familiar. Y de las experiencias me animo a recoger algunas páginas manuscritas, que jamás dejarán de ser fieles a sí mismas. Pero nunca hay que olvidar que lo mejor que tenemos a la mano es el presente, y por eso este diciembre es el más animoso y reluciente de cuantos hemos conocido. El aire me acompaña con todos sus poderes respirables, y la luz está a mi lado como el hada madrina más fiel y servicial.

En cuanto lo siento y lo pienso así, todas las puertas y ventanas que tengo a mi alrededor comienzan a abrirse para entrar en comunión con el paisaje externo e interno. Es como emprender la ruta hacia Belén por las calles del vecindario inmediato.

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