Dinero Maldito

“Con esa sangre vamos a Europa, a divertirnos y a corrompernos, si todavía nos hace falta corrupción; con esa sangre se paga el diploma del médico y del jurisconsulto; con esa sangre nos costeamos las fiestas diplomáticas y los banquetes patrióticos; con esa sangre cubrimos los gastos de mil cosas superfluas, dañosas, tontas o inútiles; con esa sangre sostenemos la vida de monerías que imaginamos civilización y progreso (...) con esa sangre se pagan nuestros ocios, nuestros lujos, nuestras joyas, nuestras mansiones, nuestras quintas, toda nuestra vida ociosa y mentirosa, gris y charlatana, alimentada incesantemente con el dinero maldito” (Alberto Masferrer).
Enlace copiado
Dinero Maldito

Dinero Maldito

Dinero Maldito

Dinero Maldito

Dinero Maldito

Dinero Maldito

Enlace copiado
Hay dineros de dineros... unos ganados honestamente, con trabajo, esfuerzos e ideas, de los cuales se pagan impuestos como se debe, y otros que surgen de la oscuridad, de la corrupción, del robo, del narcotráfico, de las extorsiones, del sicariato y de las partidas secretas o de los “gastos discrecionales de Casa Presidencial” (no hay mayor diferencia entre las categorías); en efecto, en un país con tanta pobreza, necesidad y carencias hay cifras que son simplemente escandalosas y representan un verdadero pecado.

Y este flujo de dineros es al parecer transideológico –se nota en los cambios patrimoniales de la derecha y de la izquierda– por más que lo escondan y lo disimulen; y hasta gente supuestamente honorable o que no necesita aparece salpicada por la corrupción del Estado.

Obviamente un ministro o secretario de Estado, un diputado o un funcionario de alto rango que sea competente, capaz, ilustrado y calificado debe ostentar un buen salario; pero sus honorarios deben ser coherentes a la realidad del país, y no salarios del primer mundo. Si un ciudadano opta por una carrera de servidor público la prioridad es el servicio y no hacerse rico en cinco años aprovechando su salario, los extra sueldos, los gastos de representación, los viáticos, las dádivas por licitaciones y los ahorros por usar los bienes públicos.

Los honorarios de funcionarios públicos deberían estar vinculados a diversas variables: a) el crecimiento económico del país; b) el PIB (real, no el imaginario); c) el salario mínimo; d) la hoja de vida, especialidad y experiencia; e) el grado académico; f) su historial salarial; es decir de modo coherente y meritocrático. Pero la situación no es así... lejos de privilegiar la meritocracia –en no pocos casos– se nombran funcionarios incompetentes y luego hay que pagar asesores y consultores para que hagan su trabajo.

Deben saber los ciudadanos –siendo optimista– que más del 80 % de los presupuestos de las carteras de Estado se destina a salarios, generando una fuerte carga fiscal en el presente y en el futuro –no quisiera imaginarme las pensiones de muchos ex funcionarios públicos–, hipotecando así el desarrollo de la educación, de la salud y de los servicios básicos.

Un porcentaje importante de la población está desencantada con la clase política, mientras que otro porcentaje ve en el gobierno una oportunidad para componerse a través del clientelismo y el compadrazgo, y es por esta razón que la gente que entra en el mundo de la política no quiere “soltar el hueso”, se gana dinero fácil y se cuenta con muchos, muchísimos privilegios (viajes, trámites, vehículo, gasolina, seguridad, seguros).

No sé qué piensan los demás, sobre este tema de los sobresueldos de Casa Presidencial (del pasado y del presente; los que tiemblan cuando publican más y más recibos...), es algo despreciable, y debemos manifiestarles públicamente que son una vergüenza, y por dignidad si no devuelven el dinero o en el mejor de los casos pagan los impuestos que no les retuvieron deberían retirarse de la vida pública y esconderse.
 

Tags:

  • dinero
  • corrupcion
  • sobresueldos
  • meritocracia
  • clientelismo

Lee también

Comentarios

Newsletter