Dios te salve, patria sagrada...

Estoy indignado de ver tanta muerte de personas inocentes cuyo único delito es buscar el pan de cada día.
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Dios te salve, patria sagrada...

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Estoy indignado de observar la desaparición de miles de jóvenes cuyo delito es su juventud y vivir en el lugar equivocado, estoy indignado del reclutamiento constante que hacen las pandillas de niños y niñas y las autoridades brillan por su ausencia ante tal flagelo.

Estoy indignado de ver y escuchar a miles de mujeres que lloran la muerte de sus hijos, sin que tengan consolación.

Estoy indignado del comercio de drogas que realizan las pandillas en los centros escolares y las autoridades poco o nada hacen para detener la comercialización de este veneno que adormece los sueños de nuestros niños y jóvenes. Estoy indignado de ver tanta masacre de la clase trabajadora, como si se tratase de animales, estoy indignado de las extorsiones que hacen a diario los terroristas enemigos del pueblo y enemigos de todo lo bueno.

Pero lo que más indigna es que en medio de tanto luto y dolor, nuestro presidente salga del país, para conmemorar a una persona que falleció hace tres años. De manera que se solidariza antes con muertos ajenos que con su propio pueblo que le dio el voto de confianza para dirigir la nación, y busque así las mejores estrategias para garantizar la seguridad de los salvadoreños que su único sueño es llegar vivos a su casa cada día.

De modo que a la patria no se le abandona en el luto, ni se le desampara en la miseria, ni se le deja acéfala en la inseguridad, ni se huye ante los múltiples problemas. Antes bien se le consuela en el luto, se le ampara ante la miseria, se lucha en la inseguridad hasta con la vida, y se crean las estrategias para dar solución a los múltiples problemas.

Es evidente que nuestra patria se encuentra carente de un liderazgo firme que enfrente los problemas y que ofrezca soluciones a los 6 millones de ciudadanos que están viviendo a diarios el flagelo terrorista pandilleril que tiene ahogada la economía y que ha llevado a la migración e inmigración de miles de familias y que ha traído como consecuencia la desintegración familiar, temor a la muerte y el estar presos en nuestra propia libertad.

En consecuencia, se requiere que cada salvadoreño ponga de su parte lo que esté a su alcance para proteger a los suyos, ante la inseguridad que se vive y que el Gobierno diseñe y ponga en marcha una verdadera estrategia que golpee de forma directa el oxígeno que reciben los terroristas, con el fin de debilitarlos. Pero es necesario que se vaya más allá de un eslogan como “Plan El Salvador Seguro”.

Por lo tanto se debe de trabajar en forma conjunta, PNC-FGR-CSJ, para investigar de forma precisa los bienes que tienen diseminados los pandilleros en cada una de las actividades que son ilícitas e identificar todas aquellas actividades que hoy son lícitas pero que han utilizado testaferros para lavar el dinero, producto de la extorsión y el narcotráfico para aplicar así la extinción de dominio de esos bienes.

La otra estrategia que debe de aplicar el Gobierno de forma inmediata es el traslado sin previo aviso de todos los cabecillas pandilleriles a los centros de máxima seguridad, a fin de bloquear cualquier estratagema que tengan en marcha. Todo ello debe de ir acompañado con tareas de seguridad, para neutralizar al enemigo en el corazón de sus actividades, dándole así al Gobierno una ventaja para poder tomar el control territorial.

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