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Disruptivo

Disruptivo es un término que –en el ámbito empresarial– se refiere a la actitud y el comportamiento que rompe abruptamente con los estándares y valores aceptados. También se concibe como una acción que produce una ruptura brusca y contraria al orden establecido. En tal sentido, “disruptivo” se relaciona con el verbo innovar, a fin de ofrecer un mejor producto o servicio a los consumidores y abrir nuevos mercados.
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La aplicación de este concepto en la política es difícil. ¿Por qué? Debido a que la administración pública tiene un marco normativo distinto y a quienes pretenden darle vuelta al sistema se les llama subversivos o revolucionarios. Esa amenaza no se visualiza actualmente en El Salvador. Lo que está en auge es el marketing político, reflejándose en candidatos diferentes y comportamientos atípicos (1) dar brincos en la tarima, (2) usar la cachucha al revés y calcetines de colores, y (3) lucir un “new look”.

En este contexto y asumiendo que los aspirantes presidenciales quieren distanciarse o diferenciarse de los políticos tradicionales, es necesario que los gobernados les exijan a los presidenciables 2019 que (1) sobrepongan los argumentos a las emociones, (2) dejen de promover el odio entre los salvadoreños y (3) sustituyan las promesas electorales por la generación de compromisos para solucionar problemas específicos. Lo positivo de estas acciones es que aplacarían la retórica ideológica y propiciarían entendimientos básicos.

El gran reto es promover el debate programático, el diálogo colaborativo y la acción conjunta hacia objetivos de país. Consiguientemente, los medios y redes sociales deberían contribuir a contener la pretensión de los “jefes de campaña” de sobreponer las emociones a los argumentos y las superficialidades a los análisis objetivos. Aquí unos ejemplos.

Emoción 1. Numerosos ciudadanos están hartos de los políticos tradicionales y les negarán sus votos (piensan que no tienen nada que perder). Esta actitud de rechazo hacia el statu quo es real, aunque no sepan hacia dónde los conduce. La consigna es suplantar el orden establecido.

Emoción 2. El apoyo del pueblo es suficiente para tener un buen gobierno. Varios gobiernos latinoamericanos han estimulado el asistencialismo y clientelismo, lo cual los ha sumergido en una profunda crisis fiscal (aumento insostenible del gasto y la deuda pública).

Superficialidad 1. Lo nuevo es mejor que lo viejo. Este razonamiento es equivocado porque lo determinante es la capacidad, honradez y valentía de los funcionarios. Para muestra un botón, el buen desempeño de la Sala de lo Constitucional en el período 2009-2018.

Superficialidad 2. Los políticos diferentes y los jóvenes salvarán al país. Esta argumentación hace pensar que ser distinto es suficiente para solucionar los problemas estructurales y en el corto plazo. Falso, se requieren instituciones públicas sólidas, competentes y transparentes.

Conclusión: se necesitan gobernantes visionarios, honestos y capaces. Consecuentemente, las emociones y superficialidades no deberían dominar las contiendas electorales. El camino a seguir es: (1) intensificar el debate programático (explicación de cómo y con qué recursos se solucionarán los problemas priorizados), (2) fortalecer la separación de poderes, y (3) ampliar las oportunidades para todos los salvadoreños en los 14 departamentos del país. ¡De hacerlo, El Salvador tendría líderes democráticos y disruptivos!

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