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¿Distractores o realidad?

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¿Qué está sucediendo realmente en el país? Obviamente hay consenso sobre la existencia de una crisis estructural. ¿Lo que pasa coyunturalmente es parte de ese drama que vive el país o es acaso una comedia casual? Todo depende del cristal como se observan los hechos. Algunos consideran que acontecimientos recientes pueden ser deliberados o distractores, pocos saben la respuesta, otros sufren las consecuencias, la mayoría no lo sabe por ignorancia y otros prefieren no saberla.

El país experimenta un evidente deterioro en todos sus aspectos, sean estos de orden económico, político o social. Según mi “opinión”, muchos de los fenómenos propios de una sociedad se reflejan posteriormente en su cultura. Específicamente en las actitudes y comportamiento, a manera de protesta disfrazada. A nivel individual en primera instancia y por efecto demostración se tornan colectivos.

Por otra parte, el país ha tenido una metamorfosis en las últimas décadas en las que se han suscitado varios sucesos que indudablemente han afectado la estructura socio, económica y política del país: guerra entre ciudadanos, migraciones internas y externas, cambios en la estructura productiva, nacionalización de la banca, dolarización inconsulta, reprivatización y venta a accionistas externos de la misma banca. El proceso político en su contenido aparentemente ha cambiado o de fachada se polariza ideológicamente y el bipartidismo se agudiza.

La política se ha vuelto el pan de cada día, una polémica cotidiana, accionar mediático intenso, un planteamiento permanente, una deliberación frecuente, una mayor instrumentalización del proceso, una curiosidad intensa de resultados de sus beneficiarios inmediatos y de la población en general. Desafortunadamente otros aspectos de la vida nacional no caminan al mismo ritmo, como la cultura en general y específicamente la educación.

Por todo lo anterior pareciera que la política y sus prácticas caminan a un mayor ritmo que otras facetas de la vida nacional y la interpretación de los sucesos que a diario acontecen es diferente. Pudiesen ser percibidos como distractores o son parte de una realidad confusa de un país que evoluciona en una forma desordenada. En lo particular, no me atrevo a dar mi versión y solo desearía que esta sociedad progresara para beneficio colectivo y no solamente de unos pocos.

Quisiese que el avance país fuese en todos los carriles en que una sociedad tiene que transitar en procura de un escape del subdesarrollo. Si la política no estorba, más bien contribuye propiciando un acuerdo nacional a través del cual la sociedad salvadoreña resolverá los problemas que le plantea su convivencia colectiva, pues entonces vale la pena que esta disciplina siga progresando. Definitivamente eso pone en un dilema a quienes ejercen esta actividad, puesto que tendrán que abandonar su afán de poder y progreso material.

Pero si logran resolver esa disyuntiva y laborar para la sociedad que los elige, y a pesar de que a nadie le importe, yo no albergaré dudas con respecto a esa práctica. Tampoco le daré cabida a interrogantes o espejismos mentales e interpretaré que los aconteceres de la vida nacional son consecuencia del proceso evolutivo de una sociedad agitada, pero con una visión muy futurista.

Esta contribución corre el riego de resultar confusa, pero si ese fuese el caso refleja mi particular estado de ánimo y concepción desordenada de lo que acontece en el país, siendo lo que soy un ciudadano común que todavía labora y que paga lo que le corresponde al gobierno central. También al municipio que me corresponde a pesar de los incrementos sustanciales inesperados de estos últimos. En este país se vale todo.

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  • deterioro
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