¡Don Goyo anda con la regla!

Que don Goyo andaba con la regla era un estribillo entre la población estudiantil 1964-68 del Instituto Nacional Isidro Menéndez, San Miguel.
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Don Gregorio Zelayandía, cuyo reciente fallecimiento lamentamos, era el subdirector-supervisor que siempre llevaba una hermosa regla de madera, para erradicar relajos, palabrotas, señas, etcétera.

Aquella educación incluyó la materia “Moral, Urbanidad y Cívica”, cimentando los valores universales como la probidad, la discreción, el amor al trabajo, el respeto a lo ajeno, a los niños y ancianos y al hogar; el temor a Dios; el hábito de la lectura.

Quienes nos educamos a la sombra de personajes como don Goyo, últimos ejemplares de una formación básica integral, somos también el último eslabón entre lo resquebrajado y la esperanza; soñamos que nuestros hijos, proyección nuestra, se multiplicaran en seres identificados con la verdad y que jamás la vendieran, que fueran juiciosos y equitativos, que no disfrazaran ni limitaran la misericordia ni la justicia.

La ciencia y la tecnología son importantísimas; si quienes las practican tienen además una sólida formación moral, estaríamos hablando de profesionales integrales, cuyas auras proyectarían confianza, calidez y gran porte. Estos tres últimos calificativos lamentablemente brillan por su ausencia en sabios patanes, corruptos, que no aprendieron los filtros de la agradabilidad, empatía, moderación.

Que regresen la Moral, Urbanidad y Cívica es un regalo y un remedio para prevenir en las nuevas generaciones la ceguera de conciencia que estropea el buen juicio, impele al egoísmo, a las ambiciones desmedidas y a la impavidez ante el dolor y las lágrimas de los que sufren.

Don Gregorio: ¡Gracias por sus fructíferos 99 años de vida!

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