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Don Quijote y Sancho en Cataluña

En política hay tres tipos de personas. Aquellos que solo persiguen un ideal (los “quijotes verdaderos”). Aquellos que solo persiguen el interés propio (los “sanchos”). Y, finalmente, aquellos que persiguen ambas cosas a la vez y que, en caso de conflicto entre ellas, siempre acaban favoreciendo el interés propio (los “falsos quijotes”).

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Vicent Palasí, PhD. / Catedrático de la ESEN y consultor internacional en Sistemas de Información

Vicent Palasí, PhD. / Catedrático de la ESEN y consultor internacional en Sistemas de Información

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El español no nacionalista (en Cataluña o el resto de España) pertenece al grupo de los sanchos. Después de la caída de los antiguos ideales (como el cristianismo o el comunismo clásico), los nuevos ideales (como el feminismo o el multiculturalismo) no tienen la fuerza emocional de los antiguos, por lo que el español medio se ha dedicado a la búsqueda del interés propio (llámese placer, comodidad, dinero, consumo o estatus).

Por el contrario, el nacionalista catalán de base (es decir, el que no recibe trabajo o dinero por ser nacionalista) es un quijote verdadero, que construye su identidad en torno al nacionalismo, el cual da a su vida un ideal trascendente con gran fuerza emocional: la Cataluña independiente (concebida como una utopía o paraíso en la tierra).

¿Qué pasa cuando se enfrentan sanchos y quijotes (sean estos verdaderos o falsos)? Que los quijotes ganan, pues siempre presionan en la misma dirección (hacia el ideal) mientras que los sanchos no tienen el mismo interés en presionar en dirección contraria. Así, durante los últimos 40 años, los políticos nacionalistas han planteado una y otra vez demandas para acercarse a la independencia, los políticos no nacionalistas han cedido en algo y el ciclo de cesiones ha vuelto a repetirse con nuevas demandas de los nacionalistas.

Este ciclo de cesiones se rompió en 2012 cuando Mariano Rajoy (presidente del gobierno español) se negó a dar a Artur Mas (presidente del gobierno catalán) lo que este demandaba (el llamado “pacto fiscal”). Esto colocó a Mas (un falso quijote, como la mayoría de políticos nacionalistas) en una situación nueva, que resolvió proclamando que iba a comenzar un “proceso” para conseguir la independencia. Hoy sabemos que iba de farol (Mas y otros políticos nacionalistas han reconocido que la independencia es inviable) y que el objetivo era presionar al gobierno español para que cediera.

Pero los nacionalistas de base (que son quijotes verdaderos) pensaron que el “proceso” iba en serio y que se iba a conseguir la anhelada independencia. Su idealismo desbordó a los políticos nacionalistas, que intentaron alargar el “proceso” con diversas excusas, para no reconocer que lo que habían prometido era imposible.

La última excusa fue plantear una especie de referéndum de independencia (en realidad, una farsa sin ninguna garantía) con el fin de que el gobierno español lo impidiera, para tener excusa por no haber proclamado la independencia. Pero, contra todo pronóstico, esta farsa acabó celebrándose y los políticos nacionalistas acabaron presos de su propia retórica. Debían proclamar la independencia, pues no podían decir al nacionalista de base que le habían engañado. Pero proclamarla podía implicar hasta 30 años de cárcel.

Es por ello que, después de proclamar la independencia y de que Mariano Rajoy cesó al gobierno catalán y convocó a elecciones catalanas, el presidente catalán Carles Puigdemont huyó a Bélgica y otros políticos nacionalistas se retractaron de sus posiciones para evitar la cárcel. Estos políticos nacionalistas no se han opuesto a unas elecciones que anulan la declaración de la independencia sino que participan como candidatos, pues no quieren renunciar al abundante dinero público que riega la planta del nacionalismo. Como siempre, los falsos quijotes acaban traicionando el ideal para conseguir el interés propio.

Después de las elecciones, todo volverá a la normalidad. Se volverá al ciclo de cesiones interrumpido en 2012, cediendo ante los nacionalistas con una reforma constitucional (según ha confirmado recientemente el ministro Dastis). Y el “proceso” quedará como otra de estas derrotas históricas que alimentan el relato victimista del mito nacionalista.

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